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| Programa general | Teatro Degollado |

Concierto Viernes 16 de Mayo

Orquesta Filarmónica de Jalisco
Klauspeter Seibel, director  invitado
Daniel Müller-Schott, violonchelo

Teatro Degollado
20:30 Hrs.

Programa:

Obertura “Ifigenia en  Aulide” de Christoph Willibald Gluck (1714 - 1787)
[9 min]
“Kol Nidrei op 47” de  Max Bruch (1838-1920)
[10 min]
Concierto para violonchelo y orquesta Op. 33 de Camille Saint-Saëns (1836-1921)
[18 min]

I –Allegro non troppo
II – Allegretto con moto
III- Allegro non troppo

Intermedio

“Don Juan ” de Richard Strauss  (1864 – 1949)
[20min]

Sinfonía No. 8 Op. 93 de  Ludwig Van Beethoven (1770-1827)
[25min]

I –Allegro vivace e con brio
II – Allegretto scherzando
III- Tempo di Menuetto
IV- Allegro vivace

 

KLAUSPETER SEIBEL, director de orquesta

    En la actualidad principal Director Huésped de la Louisiana Philharmonic, y normalmente director de orquesta en las casas de ópera en Frankfurt y Dresden, Klauspeter Seibel ha sido figura mayor en las etapas musicales de Europa y Estados Unidos.

    Con especial énfasis en el repertorio romántico antiguo europeo y norteamericano, Seibel dirige un vasto número de trabajos contemporáneos, en adición a la literatura orquestal operática de los siglos XVIII y XIX. Su anterior trabajo de dirección incluye a la orquesta Sinfónica de Nuremberg, Opera y Filarmónica de Freiburg, La Opera y la Orquesta del Museo de Frankfurt, la Opera y Filarmónica de Kiel y Louisiana Philharmonic.

   En los Estados Unidos, el activo programa de Seibel como director invitado incluye las Charlotte Symphony, Colorado Symphony, Grand Rapids Symphony, Jacksonville Symphony, Kansas City Symphony, Nashville Symphony, Omaha Symphony, San Diego Symphony, Utah Symphony y la Orchestre Symphonique de Québec, así como los festivales de Chautauqua y Texas. En Europa ha deleitado a selectos públicos, dirigiendo las orquestas de Berlín, Hamburgo, Frankfurt, Bratislava, Copenhaguen, Dublin y Reykjavik, entre otras.

   Además de sus posiciones operáticas permanentes, Klauspeter Siebel ha sido director huésped de la Opera Alemana y la Opera del Estado de Alemania unter den Linden, en Berlín; la Opera de Hamburgo, la Opera del Estado de Viena, la Opera de Zurich, New Orleans Opera, Colorado Opera y Utah Opera. En gira con la Opera de Hamburgo, Seibel condujo representaciones altamente aclamadas de Romeo y Julieta en Israel, y de Wozzeck y Sansón y Dalila en Moscú.     

   Ha grabado para Deutsche Grammophon, RBM, Colosseum y RPO.  Las grabaciones incluyen: Wings of Song, con James Galway y la London Symphony Orchestra para Deutsche Grammophon; la premiere mundial de Der Ring des Polykrates (una ópera de Erich Wofgang Korngold) para CPO, y la primera grabación de los trabajos orquestales de Franz Lehar también para CPO.

Nacido en Offenbach, Alemania, Klauspeter Seibel estudió piano, composición, conducción, flauta y corno en Munich y Nuremberg. A los 21 años de edad hizo su debut como director de orquesta, en el Theater am Gärtnerplatz de Munich. Recibió el Premio de la Ciudad de Munich, así como los de la Malko Competition en Copenhaguen y la Mitropoulos Competition en Nueva York.    

DANIEL MÜLLER-SCHOTT, violonchelo

“El mundo tiene ahora un nuevo gran chelista”.
Politiken, Dinamarca.

En sólo unos cuantos años, Daniel Müller-Schott ha saboreado las mieles del éxito, ubicándose en los más importantes escenarios de concierto del mundo.
Con su brillantez técnica y autoridad, respaldada con gran espíritu intelectual y emocional, fascina a sus audiencias.
En años recientes Müller-Schott ha conocido las aclamaciones internacionales por su alto grado de musicalidad y la riqueza de matices en su ejecución, su constante búsqueda de visión musical y su pasión intensa por la música. Especialmente importante para él es descubrir obras desconocidas, para extender su repertorio en el chelo, por ejemplo a través de sus propias transcripciones, y en particular trabajar estrechamente con los compositores para ejecutar la música de los siglos XX y XXI.

Daniel Müller-Schott hizo furor internacionalmente, cuando a la edad de 15 años ganó el primer premio en la International Tchaikovsky Competition for Young Musicians, lo cual fue seguido por rápida corriente de éxitos en su carrera. Ahora trabaja con renombrados directores de orquesta, tales como Vladimir Ashkenazy, Charles Dutoit, Christoph Eschenbach, Michael Gielen, Alan Gilbert, Hartmut Haenchen, Marek Janovski, James Judd, Dmitrij Kitajenko, Mario Venzago, Cristoph Poppen, Gianandrea Noseda, Peter Ruzicka, Yakov Kreizberg, Michael Jurovski, Kurt Masur, Sakari Oramo y Sir André Previn.

Sus conciertos son acompañados por internacionalmente famosas orquestas, como la Chicago Symphony Orchestra, la New York Philharmonic, la Philadelphia Orchestra, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín, la la Orquesta Sinfónica de la Radio NDR de Hamburgo, la Orchestre National de France, la Orchestre de París, la Israel Symphony Orchestra, la New Japan Philharmonic, la Netherlands Philharmonisch Orkest, the Royal Flemish Philharmonic, the Seville Symphony Orchestra, la BBC Philharmonic, the BBC Scottish Symphony Orchestra, the City of Birmingham Simphony Orchestra y la Philharmonia Orchestra London.

En 2007 Daniel Müller-Schott hizo algunas presentaciones como solista en numerosos países de Europa y en Estados Unidos, Sudáfrica y Japón. Un evento sobresaliente fué su debut en el Tanglewood Music Festival, con la Boston Symphony Orchestra bajo la batuta de Sir André Previn. Acompañado por la Orquesta Sinfónica NDR, tocó el Ligeti Cello Concerto en el Festival Musical de Schleswig-Holstein, dirigido por Peter Ruzicka. Por primera vez apareció como ínvitado en el Festival Heidelberger Frühling, el Festival de Moritzburg y el Ottawa Chamber Music Festival.

En su agenda figuran presentaciones con la Charleston Symphony Orchestra, dirigida por Arvid Engegärd; la Bilbao Symphony Orchestra, con dirección de Michail Jurowski, y la Royal Flemish Philharmonic, con batuta de Gerard Korsten, y en 2008 estará de gira por Europa con la Australian Chamber Orchestra , y se presentará con la Iceland Symphony Orchestra, la Chamber Orchestra of Europe y la Orquesta Sinfónica de Viena, bajo la batuta de Yakov Kreizberg, en Sala de Conciertos de Viena "Musikvereinssaal".

Han sido arregladas giras de Müller-Schott en Japón, incluyendo recitales y conciertos orquestales con la Metropolitan Symphony Orchestra dirigida por Bernhard Klee; en España, con la Castilla y Leon Symphony Orchestra y dirección de Josep Pons; en Alemania con la Filarmónica de Cámara de Potsdam Alemania, junto con Julia Fischer y Martin Helmchen, con dirección de Michael Sanderling, y en Alemania y países vecinos con la National Symphony Orchestra de la Radio Polaca, conducida por Daniel Raiskin. En relación con la ejecución de Gamba Sonatas de Bach para el sello Orfeo, en la primavera de 2007, Daniel Müller-Schott aparecerá junto con Angela Hewitt en conciertos alrededor del mundo en los próximos dos años.

Recitales, veladas y conciertos en trío, entre otros eventos, atenderá el eximio chelista en el "Festspielhaus Baden-Baden", el "Musikhalle Hamburg", la Sala de Conciertos "Philarmonie" de Munich, London’s Wigmore Hall, el Concertgebouw Amsterdam, la Vancouver Recital Society y Tonhalle Zürich. Sus compañeros en música de cámara incluyen a Sir André Previn, Renaud Capucon, Julia Fischer, Jonathan Gilad, Angela Hewitt, Steven Isserlis, Robert Kulek, Olli Mustonen, Anne-Sophie Mutter, Denys Proshayev, Vadim Repin, Cristian Tetzlaff, Jean-Yves Thibaduet, el Cuarteto Vogler y Lars Vogt.              
   
Daniel Müller-Schott es un frecuente invitado a los festivales internacionales de música, incluyendo Schleswig-Holstein, Rheingau, Schwetzingen, Mecklenburg-Vorpommern y el Festival de Lucerna, el Ravinia Festival Chicago, el Saratoga Festival, el Vancouver Chamber Music Festival y el City of London Festival.

Müller-Schott estudió bajo la dirección de Walter Nothas, Geinrich Schiff y Steven Isserlis. Se benefició del respaldo personal de Anne-Sophie Mutter, como recipiente de una beca de su Fundación.

Desde su niñez, Müller-Schott mostró especial amor hacia la música de Johann Sebastian Bach. Consecuentemente, es lógico que cuando grabara su primer CD, con el sello Glissando Records, eligiera Six Suites for Cello Solo.

Mientras tanto, Daniel Müller-Schott ha grabado para varias firmas de gran prestigio, y trabaja con preferencia para la etiqueta Orfeo. Sus grabaciones constituyen una delicia para el público y la prensa, al grado que también ha recibido varios premios como Gramophone Editor’s Choice, Strad Selection o Edison Award Nomination. Por su ejecución con Elgar y Walton Cello Concertos, fue condecorado con la Vierteljahrespreis der Deutschen Schallplattenkritik.

A principios del 2007 hizo la grabación de Bach’s Gamba Sonatas, con Angela Hewitt, Shostakovich Concertos con la Bavarian Radio Symphony Orchestra dirigida por Yakov Kreizberg (Orfeo), y en Septiembre tuvo programados: Brahms’ Double Concerto, con Julia Fischer y la Netherlands Philharmonic Orchestra y la batuta de Yakov Kreizberg (Pentatone), y el DVD del Mozart Piano Trio, acompañado por Anne-Sophie Mutter y la dirección de Sir André Previn (Deutsche Grammophon).

Müller-Schott usa un violonchelo Saphir --ex Shapiro-- de Mateo Goffriller, confeccionado en Venecia en 1727. Vive en Munich, su ciudad natal. En su tiempo libre es entusiasta jugador de badminton. Se interesa mucho por el arte y se inclina fuertemente hacia los pintores franceses del siglo XIX; la forma en que éstos trataron los colores y la luz, fascina e inspira constantemente al eminente violonchelista.     
      

PRENSA

Triunfo de Daniel Müller Schott en la Boston Symphony
El magnético joven chelista germano Daniel Müller-Schott administró una dosis de adrenalina, con su extraordinaria ejecución del Concierto en Do Mayor de Haydn. Müller-Schott, un músico sin temores y con técnica incendiaria, convirtió en un juego de niños las dificultades que presenta la obra. Pero aún más impresionante fueron sus gorjeos, sus tonos y su meticulosa atención a la expresión. Enfrentándose al vibrato, aplicó finas graduaciones, o de plano ninguna, para formar el fraseo graciosamente.

James O. Oestreich, The New York Times, Julio, 2007

Las Variaciones Rococó para Orquesta y violonchelo son lo sobresaliente. Daniel Müller-Schott, el solista, ejecuta con elegancia que raya en lo sublime, y sorprende con su energética vitalidad. Con ésta y con humor musical, el joven y extremadamente bien parecido músico hace maravillas sonoras con su chello. Daniel Müller-Schott fue descubierto por la Fundación Anne Sophie Mutter y catapultado a las cumbres de la música clásica.

Michael G. Müller, Neue Ruhr/Rhein-Zeitung, Julio, 2007 

 

Orquesta Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; ésta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.

En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro Leslie Hodge, quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos, y al mismo tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara, A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.

En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.

En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.

Integrantes OFJ

Director Titular
Héctor Guzmán Mejía

Concertino
Sava Latsanich Belecanich

Segundo Concertino
Mariusz Patyra

Co-Concertino
Jolanta Michalewicz Brucz

Violines I
Efraín González Anaya
Heriberto Delgado Gutíerrez
Sergio Rodríguez Barrón
Aurelian Ionescu Georgescu
Alex Espinoza Díaz
Luis Cárdenas Saldaña
Alfonso Sida Ulate
Radu Iosef Varga Sirbu
Ramón Padilla Gómez

Violines II
Carlos Esteban Pichardo Santillán *
Víctor Padilla Zaragoza**
Esmiralda Miranova
Diego Rojas Miramontes
César Huízar González
Francisco Javier Ledezma Ramírez
Isaúl Sánchez Rivera
José Ascención Acosta Farías

Violas
Robert Carl Nelson*
Hugo Uribe Jauregui
José de Jesús De Loza Guevara**
Iouri Fiodorovich Kassian Macarchuk
Antonio Chavira Méndez
Cruz Alberto De Loza Guevara
Pedro Barbosa Salazar
José Alonso Pérez Hernández
Carlos Bonilla Solís

Violonchelos
Costinel Florica*
Petr Ziatkov **
Emmanuel Issac Ramírez Ríos
Humberto Ramírez Hermosillo
Yalissa Cruz Espino
Felipe de Jesús Gutiérrez Robledo
Mariana Martínez Cruz
Ramón Becerra Caro
Eduardo Javier Mendizabal Montes

Contrabajos
Hipólito Ramírez Durán*
Salvador Gómez Tachiquín
Gergana Todorova Marinova**
Mario Ballesteros García
Marco Antonio Valencia Velasco
Ryszard Ronowicz Borash
Marco Antonio Valencia Mederos

Flautas
Nury Ulate Solís *
Andrzej Witold Bozek Zaczek**
Pedro Velázquez Cardoso

Oboes
Carrie Ellen Smith *
Domingo Damián Ramírez Espinoza*

Corno Inglés
Nancy de la Caridad Calcedo Goytizolo

Clarinetes
Charles Edward Nath Ennis *
Carlos Ramírez Loesa**
Francisco Morán Espinoza

Fagotes
Igor Kozlovski Vladimirovich*
Luciano Pérez González**
Anani Georgiev Donev**

Cornos
Stephen Dale Wenrich Morrill *
Frank Callaway Strauch**
Oscar Morales Camacho
Mario Ponce Zúñiga
Colleen Louise Blake Harter

Trompetas
Federico Palacios Jiménez*
Araceli Villalvazo Robles **
Salvador Hoyos Quezada

Trombones
Bonifacio Padilla Rivera*
Arturo Navarro Esqueda

Trombón Bajo
Blas Asunción Padilla Mendoza**

Tuba
Manuel Cerros Guevara*

Arpa
Guadalupe Fabiola Corona Pérez*

Timbales
Felipe de Jesús Espinoza Gallardo*

Percusiones
Jorge Eduardo Aceves Cisneros**
Juan Ramón Aceves González
Alfredo Tiscareño Castellanos
Gustavo Ortiz López

Músicos Invitados
Ana Leonora Cervantes

Administración

Gerente General
Martha Inés Ramírez Aguilera

Gerente Administrativo
Emilio López Cruz

Gerente de Operaciones y Recursos Humanos
César Tena Ramírez

Jefa de Difusión y RP
Ingrid Deira Crespo Velázquez

Bibliotecario y Copista
Rodolfo Flores Almaraz

Asistente de Dirección
Ana María Delgadillo Morán

Asistente de Promoción
Roberto Vázquez De La Paz

Auxiliar Contable
Lucia Selene García Soria

Secretaria
Micaela Nuño Carmona

Ayudantes de Orquesta
Juan José Bautista Segura
Gustavo Siordia Arizaga
Juan Moisés Quintana Macías

Chofer
Luis Ignacio Vázquez Delgado

Intendencia
Araceli López Navarro


 

*Principal de sección
** Co-principal

Héctor Guzmán
Director titular

El maestro Héctor Guzmán, reconocido internacionalmente como uno de los músicos mexicanos más sobresalientes en la actualidad, es director titular de las sinfónicas de Plano, Irving y San Angelo en E.U. y en el 2004, tras resultar ganador del concurso internacional: Siete Directores por una Batuta, fue nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, reiterando su lugar como una de las figuras en el podium de más importancia en México y en el mundo.

Ha sido director huésped de importantes orquestas de México: OFUNAM, Xalapa, Estado de México, Cámara de Bellas Artes, Monterrey, Filarmónica de la Cd. de México, Sinfónica Nacional, así como de las orquestas de Dallas, San Antonio, Wheeling, la Sinfónica Nacional de la República Dominicana, la Collegium Orchestra en el Palacio Lichtenstein de la Academia de Música de Praga en la República Checa, la Filarmónica de Japón, la Orquesta Amadeus, la Milano Classica Orchestra, en Italia, y la Sinfónica de Murcia, España, entre otras. Su debut operístico tuvo lugar en el 2005 con la ópera El Barbero de Sevilla y en el 2007 estrenó en México la versión en español de la ópera Frida, con enorme éxito.

Nacido en Fresnillo, Zacatecas, Guzmán estudió en el Conservatorio Nacional de Música en México con Víctor Urbán y posteriormente en la Southern Methodist University y la Universidad del Norte de Texas, bajo la guía del célebre maestro Robert Anderson. A través de su trayectoria en estas instituciones, fue ganador de los concursos Manuel M. Ponce y Solistas del Conservatorio. En 1978, obtuvo para México el segundo lugar del concurso de órgano más importante en el mundo, el Grand Prix de Chartres celebrado en Francia. Ha contado con la guía en dirección orquestal de Anshel Brusilow (Philadelphia Orchestra), Helmuth Rilling (Universidad de Oregon), Carlo Maria Giulini (Accademia Musicale Chigiana, Italia), y su gran amigo y maestro Eduardo Mata.

En reconocimiento a su labor internacional, Héctor Guzmán ha sido honrado con premios como la Lira de Oro en México, el Meadows Award, el premio Director per Excellence, otorgado por el Instituto Tecnológico De Vry, en los Estados Unidos y la Medalla al Mérito Artístico 2005, la más alta condecoración otorgada por el gobierno del Estado de México a través del Conservatorio de Música del Estado de México. Asimismo fue galardonado con la Medalla al Mérito Artístico Candelario Huizar 2006, que le fue otorgada por el gobierno de Zacatecas. En el 2004, Héctor Guzmán fue nombrado Ciudadano Distinguido por su estado natal Zacatecas. Asimismo, recibió la Medalla de Plata 2004 otorgada por la sociedad americana: Sons of the American Revolution, por su contribución artística a nivel mundial y desde el 2000 esta incluido en el libro Grandes Músicos del Siglo XX, editado por el Instituto Biográfico de Cambridge, Inglaterra. En abril del 2007, la ciudad de Irving y la Cámara de Diputados del Estado de Texas, otorgaron al Mtro. Guzmán, un reconocimiento especial por su Trayectoria Artística a nivel internacional y en el 2008 la Embajada de Austria le otorgo la Medalla de Mozart en su nueva era: máximo reconocimiento en México a la excelencia en la música académica.

NOTAS AL PROGRAMA

CHRISTOPH WILLIBALD GLUCK

Nacido en Erasbach (Alto Palatinado) el 2 de julio de 1714; muerto en Viena el 15 de noviembre de 1787.   Christoph Willibald Gluck consagró lo esencial de su actividad creadora a la ópera, con la excepción de raras piezas instrumentales, coreográficas y religiosas.   Alumno de Milán de Sammartini, representó en la capital lombarda sus primeras óperas italianas.   Hacia 1754 fue nombrado director musical de Burgtheater de Viena y comenzó a componer óperas cómicas francesas.   Su verdadera reforma del arte lírico no comenzó, sin embargo, hasta 1762, con Orfeo y el libretista Calzabigi no fue extraño a ella.   Alceste (1767),  Ifigenia en Aulide (1774) e Ifigenia en Tauride (1779),  fueron otros tantos jalones de una estética que tuvo un peso definitivo sobre el porvenir del teatro cantado y que tendió a someter la música al drama.   Músico cosmopolita por excelencia, repartió sus últimos años entre Viena y París (los partisanos de la ópera italiana le opusieron bien inútilmente a Niccolo Piccinni en una célebrw disputa) y fue en la capital francesa donde se estrenaron, entre otras,  tres de sus mejores obras, Armida y las dos Ifigenia.

Las oberturas

“He pensado que la obertura debería informar a los espectadores de la naturaleza de la acción y formar de alguna manera el argumento”. Estas líneas, extraídas de la carta declaratoria de Alceste a Leopold, Duque de Toscana, bastan para hacer comprender que las oberturas de la óperas de Gluck son todo menos piezas de concierto. Separarlas de contexto sólo consigue contradecir las intenciones del autor, sin contar con que a veces hace falta realizar arreglos para transformarlas en piezas aisladas.   Y sin embargo figuran a veces así en las carteleras de concierto, pero sólo una introducción muy modesta a la voluntad del músico.

 OBERTURA IFIGENIA EN AULIDE

La primera representación de Ifigenia en Aulide, ópera-tragedia en tres actos y cuatro cuadros sobre un libreto de Lebland du Roullet inspirado en Racine, tuvo lugar el 19 de abril de 1774 en la Academia Real de Música de París. En 1847, en Dresden,  Richard Wagner, del que ya conocemos su admiración por Gluck, presentó la versión revisada con una orquesta reforzada y nuevos recitativos.
La obertura comienza con un tema Andante en 4/4, en canon, de una gravedad solemne y diversamente modulada a la que sigue un vigoroso dibujo al unísono.   La pieza continúa con un Allegro melódico sobre un acompañamiento de un obsesivo pizzicato y un último motivo aun más doloroso de aire muy femenino, dominado por la cuerda, en el registro agudo.   Todos estos elementos, que van a combinarse, se volverán a encontrar durante la ópera, pero indican ya con precisión los diferentes sentimientos que forman el nudo del drama: el dolor de Agamenón, que debe decidirse a sacrificar a su hija; la autoridad paternal, la ternura de Ifigenia, la piedad que inspira su sacrificio y el hecho de que estos diferentes temas, y lo que representan, sean fácilmente reconocibles, hace participar al espectador de una forma más intima.
Como conclusión, dos posibilidades: una versión atribuida a Motzart durante mucho tiempo y que en realidad es de Jhoann Philipp Schmidt u otra, frecuentemente utilizada, debida a la pluma de Wagner y que data de 1854, en la que la nomenclatura orquestal está reforzada (se han añadido dos clarinetes, un fagot, dos trompas y una tercera trompeta), dentro de una óptica teatral que sigue siendo demasiado próxima al siglo XIX para los amantes del retorno a las fuentes
*Duración de la ejecución: alrededor de diez minutos

MAX BRUCH

Nacido en Colonia el 6 de febrero de 1838; muerto en Fridenau (cerca de Berlín) el 2 de octubre de 1920.   Alumno de Hiller y Reinecke.   De un conservadurismo musical a ultranza, fue director de orquesta y de coro de Mannheim, Coblenza, Liverpool y Breslau y profesor de composición en la Escuela Superior de Música de Berlín hasta el año 1910.
Autor de óperas, de sinfonías, de conciertos, su reputación se fundó esencialmente sobre sus obras corales; pero hoy  sólo se le recuerda por su Primer concierto para violín, y mas accesoriamente por algunas piezas orquestales, como la fantasía escocesa.   Esencialmente melodista, Bruch fue influido sobre todo por Brahms y no dudó en extraer su inspiración de diversos folklores – escocés, galés, germánico-, sin llegar a liberarse de un academicismo que enmascara los oídos contemporáneos la generosidad de estilo y los acentos a veces postrománticos.

 “KOL NIDREI”  PARA VIOLONCHELO Y ORQUESTA OP.47

A título de información, mencionemos esta obra, fechada en 1881, que tiene forma de suite para violoncelo y orquesta.   Se trata, propiamente hablando, de unas variaciones sobre motivos populares judíos, y el conjunto -Adagio- no está desprovisto ni de un ferviente lirismo ni de poesía: el violoncelo parece “rezar” con sus notas mas cálidas. La obra ha desaparecido prácticamente del repertorio, a despecho del interés que por ella tienen ciertos violonchelistas (en disco suele aparecer acoplada a Schelomo de Bloch). Fue severamente condenada por Schöemberg, autor él mismo de un Kol Nidrei para orquesta, coro y recitante, de muy diferente categoría. Cuando escribía su propia partitura, Schöemberg declaró haber querido “aniquilar con vitriolo el sentimentalismo del violoncelo de Bruch y sus consortes ....”
Un juicio sin apelación para una obra que no lo merece en absoluto.

CAMILLE SAINT SAENS

Nacido en París el 9 de 1835; muerto en Argel el 16 de diciembre de 1921. Fue un joven pianista pródigo que dio su primer concierto en la Sala Pleyel a los once años, antes de entrar en el Conservatorio a los trece años, donde fue alumno de Halévy para la composición. Organista titular de la iglesia de La Madelaine, se hizo célebre a los veinticinco años y provocó la admiración de un Berilos y de un Liszt; jugó un doble papal en su carrera: de un lado influyó en sus concepciones musicales dichas, y de otro lado le ayudó en la propagación de su obra (la ópera Sansón y Dalila se estrenó en Alemania por iniciativa del maestro húngaro).

Saint Saëns creó pronto una “escuela” de música francesa: excelente pedagogo (en la escuela Niedermeyer, donde Fauré y Messeguer fueron sus discípulos), vigoroso defensor de la música de sus cadetes (en la famosa Sociedad Nacional, llevando alto el blasón de “Ars Gallica”), gran viajero también y curioso de todo (filosofía, arqueología, pintura, etc.),  miembro, en fin del Instituto a los cuarenta y siete años. Con demasiada rapidez se ha tildado la música de Saint Saëns, un perfeccionista de la forma, de frío academicismo. Este prejuicio nutre frecuentemente la interpretación de sus obras, al mismo tiempo que refuerza la desconfianza del público, advertido por la frase despreciativa de un Debussy: “Saint Saëns es el hombre que mejor conoce la música del mundo entero” (dicho de otra  forma, al que ahoga su erudición).

Ahora bien, los que desprecian su arte son sin duda aquellos que menos la conocen y sobre todo, los que ignoran la influencia que ejerció en la música francesa en pleno estragamiento wagneriano: retorno a las fuentes salvadoras, como fue, por ejemplo la revaloración de Marc Antoine Charpentier; de Rameau, e incluso de Gluck. Y ese arte, se diga lo que se quiera, no está envarado, es sencillamente el de un “romántico encadenado” (Roger Dalage), a quien la perfecta maestría de su oficio inhibió a menudo (no olvidar la admiración que tenía por Maurice Ravel, al menos como científico de la  orquestación). Saint Saëns abordó todos los géneros, profanos o sagrados y su mejor título de gloria es esa Sansón y Dalila que aún se canta en los escenarios líricos del mundo entero, pero que no puede hacernos olvidar las obras de música de cámara (fue un pionero en Francia), un gran número de canciones, de composiciones corales y religiosas e importantes obras de música sinfónica y concertante.

 CONCIERTO PARA VIOLONCHELO Y ORQUESTA OP.33

 Fue escrito entre 1872 y 1873 y ejecutado por primera vez en París en 1875. Su  particularidad es la de encadenar los tres movimientos en uno solo, revistiendo el conjunto de la obra la forma de un amplio Allegro de sonata: exposición y desarrollo (primer movimiento), interludio central y reexposición recapitulación (movimiento final). En este aspecto, la obra realiza un modelo de equilibrio, de claridad y de maestría técnica. Saint Saëns explota en ella lo mejor posible la larga extensión del instrumento solista y valora su tesitura más rica, la media y grave, maravillosamente engastada en el estuche orquestal.

Los tres movimientos son: Allegro non troppo; Allegretto con moto; Molto allegro. El primero tiene dos temas, con un desarrollo poderosamente expresivo; el  segundo, de un carácter íntimo, adopta el ritmo de un minueto: es en este movimiento intermedio en donde el violoncelo, sin duda, desarrolla un registro persuasivo, una dicción de un natural soberano, sin ningún rasgo de virtuosismo. La parte final, que utiliza un nuevo material temático, cierra este conjunto con elegancia y encanto a la vez.

RICHARD STRAUSS

 Nacido el 11 de junio de 1864 en Munich; muerto el 8 de septiembre de 1949 en Garmisch (Alpes Bávaros). Su padre, primer trompa del teatro de la corte de Munich, era un músico notable. Es de él, y de su madre, para el piano, de quienes el joven Strauss, extraordinariamente dotado, recibió las primeras enseñanzas musicales. A los diecisiete años ya se interpretaban sus obras, por otra parte bastante convencionales. En 1882 completó sus estudios clásicos en la Universidad de Munich y al año siguiente fue a Berlín, donde Hans von Bülow le facilitó sus conocimientos como director de orquesta (Strauss, se olvida con frecuencia hoy en día, fue uno de los grandes directores de orquesta de la primera mitad del siglo, eminentemente “moderno” por la claridad y la ausencia de énfasis en la dirección); es a Bülow a quien sucedió el joven director en 1885 a la cabeza de la orquesta de Meiningen; más tarde sería asistente del director de la ópera de Munich y finalmente primer director. Entretanto, Strauss había descubierto la magia wagneriana en Bayreuth (donde dirigiría el mismo en 1891). Sin embargo, su primera obra maestra sinfónica, Don Juan, no parece deber mucho a Wagner.

En ella se revela ya una personalidad original que se afirmará en toda una serie de poemas sinfónicos, a propósito de los cuales se ha hablado de un primer “período” creador. El segundo “período” estará consagrado a la ópera. Después de dos ensayos infructuosos, se inaugura en 1905 con Salomé, cuyo triunfo es mitigado por el escándalo; a ésta sucederá otra de sus obras maestras, El caballero de la rosa, obra con la que se identifica inmediatamente el nombre del compositor. Se benefició de la colaboración con un libretista excepcional, el poeta Hugo von Hofmannsthal, pero éste murió en 1929, dejando a Strauss desamparado, hasta tal punto que a la llegada del nazismo en Alemania no rechazó la presencia de la Reichmusikkammer (y sucedería a Bruno Walter en la dirección de la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig). Sus buenas relaciones con el régimen se alteraron después de la condena oficial, en 1935, de su ópera La mujer silenciosa (un ataque contra su libretista, el escritor judío Stefan Zwig, a quien Strauss defendió con valentía).

Aunque nadie le inquietó, el músico renunció entonces a la función pública y acabó de componer retirado en su ciudad de Garmisch, pero fue desterrado por los Aliados al final de la guerra y vivió en Suiza antes de que  le volvieran a permitir regresar en 1949 para morir poco tiempo después. En este final de carrera que se ha llamado “el verano indio” del compositor, éste produjo tres últimas obras maestras, la ópera Capicho, las Metamorfosis para orquesta de cuerda y los famosos Cuatro últimos lieder. El catálogo straussiano es nutrido: además de las quince óperas, tres ballets, dieciocho lieder con orquesta y ciento cuarenta con piano , hay que contar cuatro sinfónicos, dos suites de orquesta, las Metamorofosis y conciertos para piano , para violín, para trompa, para óboe, para clarinete y para fagot (que es lo esencial del catálogo que será presentado aquí).

Richard Strauss es una “paradoja” del siglo XX: sus principales poemas sinfónicos, que son caballo de batalla de nuestros conciertos, fueron compuestos a finales del siglo XIX y siguen siendo lo más audaz de su obra; después de la ópera Electra (1909), por el contrario, la música de Strauss es una síntesis, temporada juzgada sosa por algunos del romanticismo heredado del siglo anterior y un ideal clásico fuertemente teñido de barroquismo. Strauss no fue nunca un innovador, como Schönberg o Stravinski, sino un creador aislado, seguro de sí mismo, de su inspiración (generosa, a veces band), de su oficio (magistral) y de sus obras, que continúan las mejores de entre ellas siendo interpretadas regularmente.

 POEMA SINFONICO “DON JUAN”  OP 20

Cuando Strauss compuso este Don Juan, tenía solamente veinticuatro años. La obra ha llegado a tener una enorme audiencia y ha de ser también uno de los pilares del repertorio sinfónico. Concentrada, poco anecdótica, la partitura desarrolla una extraña variedad de expresiones dominada por el impulso de una especie de gesta en su pleno. Es la lectura del poema romántico Niloñaus Lenau la que inspira los temas musicales anotados por primera vez en mayo de 1888 en Italia, durante una estancia en Papua. La partitura se acaba rápidamente el 30 de septiembre del mismo año. El estreno tuvo lugar el 11 de noviembre  de 1889 en Weimar, bajo la dirección de Strauss. Hans von Bülow dio la primera audición berlinesa el 31 de enero del año siguiente.

Tres fragmentos del texto dramático de Lenau, treinta versos en total, figuran en exergo al poema sinfónico; Strauss deseaba que fueran insertados en los programas de concierto. Eso permite comprender que el compositor sólo ha tomado del poeta algunas líneas generales el Deseo, la Posesión, la Desesperación, que pueden traducir la evolución musical de su héroe, violento, apasionado, que “sueña con abarcar el gozo humano” (Roman Rolland) y a quien su búsqueda de un ideal inaccesible conduce a un “inmenso hastío”. Un Don Juan, pues, preso de su personalidad trágica, tal como fue acentuada por el Romanticismo. Pulsiones y saciedades sucesivas, amargas premoniciones de muerte y finalmente la realidad de ésta; así se resume en una notable elipse la trama del poema sinfónico. La partitura comienza con un brillante Allegro molto con brio, animado por una fuerza épica que sugiere la soberbia del héroe, y sus apetitos de conquista con el primer tema principal.

Motivo del Deseo que asume la cuerda en escalones ascendentes, expresión muy característica de una “manera” del compositor; la carrera insaciable ha comenzado.

Pero sucede una especie de pausa ante “la magia de la feminidad espléndida”: transición tranquillo con una larga tenida de la orquesta, en la que el violín solo insinúa la imagen de una Zerlina coqueta, pero consentidora: tierno y voluptuoso motivo, después apasionado, del clarinete. En el si mayor dominante del mi mayor anterior en que se desarrolla la suave frase confiada a la cuerda, imaginamos una escena de amor sometida a los preliminares del placer que amplía poco a poco toda la orquesta. Y ya satisfecho, Don Juan escapa: resuena de nuevo el tema imperioso antes de que tome forma, con una frase de la cuerda media, otra figura femenina, en un discreto pianíssimo en el que la flauta parece tener una expresión casi llorosa. Y entonces canta el óboe solo, sobre la cuerda grave, en un sol mayor elegíaco, el amor virtuoso de Doña Ana, que se abandona progresivamente.

El motivo es prolongado por el clarinete, después por el fagot, dentro de una atmósfera de “cámara”, reveladora asimismo del tacto straussiano. Una nueva secuencia de transición, mediativa y sobre una tenida de la cuerda, y entran con potencia las cuatro trompas exponiendo vigorosamente el segundo tema principal de la obra.

Tema que podemos considerar como el de la posesión triunfante, momentáneamente engrandecido y a través del cual el héroe parece alcanzar una estatura fáustica. Es el final de la amplia exposición que ha transcurrido con la lógica de un desarrollo sinfónico beethoveniano. La reexposición y la coda propondrán la reiteración de los motivos anteriores, movidos recuerdos de las figuras femeninas ya desaparecidas, transformadas en visiones fantasmagóricas y caricaturescas. Fúnebres presagios de muerte (frases cromáticas descendentes de la cuerda) antes de que lleguen los sucesivos recuerdos fortísimo, de los temas mayores en la cuerda y los instrumentos de viento al unísono. Una ruptura, y comienza la agonía: sobre un acorde pianissimo en la menor, ecos disonantes de los metales y lúgubres trémolos de la cuerda declinan hacia los últimos suspiros de la vida. Primero uno, después dos débiles acordes de mí y llega el final.

Uno de los grandes éxitos juveniles de Richard Strauss y, según la fórmula de Dominique Jameux, la “demostración de Eloy, que podía hacerse con una orquesta sinfónica a finales del siglo XIX”; la obra, además, impresiona por su arranque, sus contrastes de dinámica, la libertad de su acentuación rítmica y de sus colores y, en fin, por la evidente belleza de sus temas, algo que, con respecto a esto último, no siempre conseguirá Strauss.

LUDWIG VAN BEETHOVEN 

Nació en Bonn, Alemania, en 1770, en el seno de una familia humilde de origen flamenco -su padre también era músico. Demostró a edad temprana sus dotes musicales, intentando su padre que realizara una carrera similar a la de Mozart, por lo que a los ocho años dio un concierto en Colonia y actuó en Holanda. La formación musical del pequeño maestro era bastante desordenada, por lo que el organista Neefe lo pondrá en contacto con las obras de Händel y Bach.

Con doce años destaca como intérprete de piano, órgano y viola, tocando cinco años más tarde para Mozart en Viena. En 1792 volverá a la capital austriaca para recibir lecciones de Haydn, Salieri y Albrechtsberger, centrándose en la carrera de compositor. El 29 de marzo de 1795 se presentó ante el público vienés como pianista y compositor, alcanzando un éxito apoteósico.En 1808 fue solicitado por el rey de Westfalia, lo que motivó el aumento de su fama, llegando a recibir una renta anual vitalicia por parte de los príncipes Lobkowitz y Kinsky. Los primeros trastornos auditivos empezaron a manifestarse en 1796, pero a partir de 1819 se quedará sordo, lo que motivará su estado de tristeza y de soledad, agravado por las ingratitudes de su sobrino Karl. Se impone en el Congreso de Viena de manera imprevista, ya que Rossini, representante del italianismo, era el principal ídolo.

Los desengaños amorosos marcarán la vida de Beetthoven y también influirán en su obra, al igual que su irascible carácter y su soledad, acabando sus días con problemas económicos. Su música abarca tres etapas: la primera será la de las influencias, especialmente de Haydn y Mozart, destacando como pianista y permitiendo sus éxitos abrirle las puertas. La segunda etapa se desarrolla entre 1801 y 1815, siendo el momento de madurez artística, modificando la sonata e imponiendo el lenguaje expresivo. La tercera vendrá definida por el romanticismo, mostrando su genialidad que rompe con las viejas fórmulas, siendo la "Misa solemne" y la "Novena sinfonía" sus obras más destacadas. Toda sus trabajos se caracterizan por el contraste entre la alegría y el dolor, convirtiéndose en el músico más importante de todos los tiempos y el fundador de la modernidad con sus nueve sinfonías, sus siete oberturas, los conciertos para piano y orquesta.

 SINFONÍA NÚMERO 8, EN FA MAYOR (OPUS 93)

Escrita y terminada, en efecto, menos de cinco meses después de la Séptima (el manuscrito lleva la fecha de octubre de 1812), la Octava fue compuesta sin duda en el verano precedente, durante el cual Beethoven residió en la ciudad balneario de  Teplitz, en Bohemia.   Puede que deba su carácter de sonriente desenvoltura a la inclinación bastante viva que el músico sintió por la cantante berlinesa Amelia Sebald, mujer espiritual y alegre que tenía a Beethoven bajo la influencia de sus encantos.   Como la sinfonía precedente, ésta también fue presentada al público vienés (en la Redutensaal) más de un año después de haber sido terminada: el 27 de febrero de 1814.   Solo recibió una acogida moderadamente entusiasta y durante mucho tiempo se le consideró “ la pequeña sinfonía” de Beethoven (el mismo acreditó esta denominación, por oposición con la amplitud de la Séptima). Y aún hoy se constata que la Octava sinfonía no es, ni con mucho, la mas tocada.   No está dedicada a nadie.

Los cuatro movimientos son:  Allegro vivace con brio; Allegretto scherezando; Tempo di minueto; Allegro vivacce:

  1. Allegro vivacce e con brio (en fa menor, compás de ¾): el tema principal, enérgico, de cuatro compases, aparece en los violines sobre un acorde del tutti en fa mayor.   No hay, pues, introducción.
    Inmediatamente responden los clarinetes en otros cuatro compases que los violines responden en eco en los cuatro siguientes.
    Un motivo de transición, de ritmo entrecortado, es desarrollado por los primeros violines antes de que aparezca el segundo tema, en re mayor, siempre piano, ejecutado por los violines, llenos de elegancia sobre un acompañamiento del fagot en notas picadas.  La orquesta, animada, modula a do y prosigue con una suave frase –dolce- presentada por la madera, frase a la que se le unen las violas, los violonchelos y los contrabajos, como bordando, a partir del tema inicial.   La exposición terminará sobre un redoble de los timbales, acompañados del viento, sobre un acorde de do mayor, cuya tónica se afirmará cuatro veces sobre una batería del cuarteto.   Repetición y después desarrollo, en el cual el tema inicial invade toda la orquesta en el tono de fa menor; sigue una especie de stretta en re bemol, que repite por imitación entre las cuerdas graves y los primeros violines el comienzo del tema inicial.   La reexposición propondrá finalmente algunas alteraciones de los elementos melódicos, con una coda en la que alternan los acordes de dominante y de técnica, hasta apagarse, pianíssimo, en la cuerda, repitiendo los dos primeros compases del tema inicial.
  2. Allegretto sherezando (en si bemol mayor, compás de 2/4): este movimiento es de naturaleza rítmica.   Sobre una batería siempre Staccato de la madera  (sin las flautas) y de las trompas, los violines presentan el primer tema pianissimo, tema que termina con los violonchelos y los contrabajos, de un carácter saltarín, casi mecánico (probablemente un homenaje a Mälzel.
    Hay una breve modulación a sol menor antes de volver al tema principal. Un segundo motivo, cantabile, aparece en los violines y en las violas, sin que cese la pulsación rítmica de la madera...   Reexposición del tema partida, en si bemol, variado melódicamente.
    Una corta coda reúne a la orquesta sobre alternancias de piano y forte que concluyen casi con humor este delicado y ligero “divertimento”.
  3. Tema di minueto (en fa mayor, compás de ¾): es bastante corto y reemplaza al sherezo de las sinfonías anteriores, como un retorno a Haydn y Motzart.   El ritmo es marcado, rústico.   La cuerda y los fagots, forte indican el compás que acentúan las trompetas y los timbales. En un breve preámbulo al tema del minueto, que anuncian los violines.
  4. Después de la repetición hay un diálogo entre los violines (en do mayor)y mas tarde entre las flautas y los oboes (fa mayor), que desemboca en una reexposición en si bemol.   El trío está señalado por un dúo de trompas –dolce- seguido de otro entre el clarinete y la segunda trompa, sobre un arpegiado pizzicato de los violoncelos.   Las cuerdas primero y después la madera repiten este motivo, unas veces dialogando, otras como acompañamiento.   Repetición da capo del Tempo di minueto.

  5. Finale: Allegro Vivace (en fa mayor, compás de 2/2):  muy desarrollado, tan largo (quinientos tres compases) como los tres movimientos anteriores juntos.
    Tiene forma de rondó.   El primer tema, vivo,  pianissimo, es expuesto por los violines en tresillos y completado por las violas y las flautas y los oboes en eco.   Termina en do cuando un vigoroso do sostenido del tutti, fortísimo, le reanima bruscamente.   Repetición por el conjunto de la orquesta, en el registro agudo, acentuada por un pizzicato en las cuerdas graves antes de la entrada del segundo tema, en la bemol, de carácter cantabile, en los primeros violines; la flauta  y el oboe - dolce-  lo retoman en do mayor.   Primera reexposición del tema inicial brevemente desarrollada; después retorno, en la mayor y seguidamente en el tono principal (sobre los timbales), mientras que el tema secundario reaparece en re bemol en los primeros violines y después, en la tonalidad, en las flautas.  Fortísimo de la orquesta sobre acorde en si bemol; repitiendo durante dos compases; el tema principal es cogido de nuevo por el cuarteto.   Un calderón maraca el principio de la coda, con una repetición ostinato del tresillo inicial.   Hay una especie de desarrollo contrapuntístico (aumentación, inversión, disminución) que va ganando a toda la orquesta en crescendo y que nos lleva una vez más al motivo del comienzo, primero fortísimo, en re mayor, después pianissimo, en fa mayor.  Y ya estamos en la stretta conclusiva, en la que solo subsistirá del tema inicial la pulsación rítmica de la cuerda, mientras el viento cambia de agudo al grave y a la inversa, primero en redondas y después en blancas, la tercera mayor fa-la.  Aún aparecerán algunos restos del primer tema y la orquesta, de forte a fortísimo, acabará sobre el acorde de fa mayor repetido durante veintitrés compases.   Así terminará perentoriamente lo que durante esta “pequeña sinfonía sólo fue gracia o picante vivacidad.

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