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| Programa general | Teatro Degollado |

Concierto Domingo 11 de Mayo

Orquesta Filarmónica de Jalisco
Héctor Guzmán, director  titular
Johannes Moser, violonchelo

Teatro Degollado
20:30 Hrs.

Programa:

Obertura Hänsel y Gretel de Engelbert Humperdink (1854-1921)
[8 min]
Concierto para violonchelo y orquesta de Antonin Dvorak (1841-1904)
[40min]

I -Allegro
II – Adagio ma non troppo
III- Finale-Allegro moderato

 Intermedio

Preludio y  Muerte  de Amor  de Tristán e Isolda de  Richard Wagner  (1813-1883)
[18 min]

“Metamorfosis Sinfónicas sobre temas de Carl Maria von Weber”
de Paul Hindemith (1895 – 1963)
[20 min]

I –Allegro
II – Turandot-Scherzo
III- Andatino
IV- Marsch

 

JOHANNES MOSER, violonchelo

El chelista germano Johannes Moser saltó a la atención internacional en Junio de 2002, cuando ganó la 12a.edición del concurso Tchaikovsky y recibió el Premio Especial por su interpretación de Rococo Variations.

   Posteriormente en el año, grabó el primer concierto de Cello con la Orquesta Sinfónica de Bamberg para la Radio Bávara, y ejecutó ese mismo concierto con la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara bajo la dirección de Paavo Jarvi, en varios festivales internacionales, incluyendo los de Meran, Stresa, Montreux y Lugano.

   Estos eventos acarrearon rápidamente a Moser, numerosas excitantes oportunidades en el más alto nivel.


   Él ha ejecutado la Maggio Musicale con la Orquesta de la Radio de Munich --en Florencia, bajo la batuta de Petrenko--, a invitación de Zubin Mehta; la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara, dirigida por Riccardo Muti, y con la London Symphony, dirigida por Valery Gergiev, en la Barbicane en Londres y España.

   Su debut en Estados Unidos tuvo lugar en Marzo de 2005, con la Chicago Symphony bajo la dirección de Boulez, tocando el Rands Concerto. En esa ocasión fue aclamado por el público puesto de pie, y el Chicago Tribune lo describió como “poseedor de gran talento” y “heroico”. En su próximo concierto, en Julio de 2005 --en Los Angeles, con Los Angeles Philharmonic en el Hollywood Bowl-- logró un éxito similar.

   Moser ha tocado además con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Saarbrücken, la SWR Stuttgart y la Orquesta Sinfónica Alemana, en Berlín. De igual manera ha ejecutado en el Festival de Schleswig-Hostein , el Festival de Verano de Kissingen, el Festival de Gstaad y el Festival Musical de Rheingau.

   Sus momentos culminantes de la temporada 2006/2007 incluyeron su debut con la New York Philharmonic Orchestra en Tokio; una gira por Italia con Riccardo Muti y la Cherubini Orchestra, y cumplió compromisos con Munich Philharmonic y Cristian Thielmann, la Cleveland Orchestra y Franz Welser-Most en el Blossom Festival, la Orquesta Sinfónica de Bamberg, la Orquesta Sinfónica de Vancouver y la Orquesta Sinfónica de Colorado, así como recitales a través de Europa y presentaciones con música de cámara en Verbier, Salzburgo y Lucerna. 

Nacido en Munich en 1979, Moser comenzó a estudiar el chelo desde los ocho años de edad, y en 1997 se convirtió en alumno del profesor David Geringas. Fue el triunfador en Riga con el primer premio en la Davidoff Competition de 2000, y un año después ganó el Concurso Mendelssohn en Berlín.

   En el verano de 2006 Haenssler Classics dio a la publicidad su primer recital en disco, con sonatas de Schostakovich, Veinberg y Boris Tschaikovsky.


PRENSA

Cleveland Orchestra/ Franz Welser-Möst
El concierto dominical tuvo una fabulosa apertura: el debut del chelista germano Johannes Moser, con el Concierto para violonchelo en Do Mayor, de Haydn. Moser ejecutó con ágil brillantez y expresivo carácter. Mucho apreciaremos su retorno ejecutando a Dvorak, Elgar o cualquier otro de las exitosas obras “para reventar chelistas”.

Donald Rosenberg, The Plain  Dealer, Julio de 2007
 

Verbier Festival

En la moderna, acústicamente cálida Iglesia Verbier, Ax y sus jóvenes colegas ensayaron numerosas obras de Mozart, incluyendo la Sonata No. 9 para Piano y el Cuarteto de Piano K. 478, con el violinista Leonidas Kavakos, el violista David Carpenter y el chelista Johannes Moser. Si los nombres no son familiares, ello cambiará en los próximos años; exponer a las estrellas del mañana es una de las metas del director del Festival.

Frank Caldenhead, Musical America, Agosto de 2006
 

London Symphony Orchestra/Valery Gergiev
Gergiev ha elegido comenzar su presentación con una de las más agotadoras de las sinfonías, la Octava, y la acompañó con una novedad: el arreglo de Shostakovich al Concierto de Schumann para violonchelo. El compuesto timbre orquestal permitió que Johannes Moser tocara calurosamente las melodías para violonchelo, y que el brillo de los pasajes orquestales en su totalidad nos tomara por sorpresa.

The Guardian, Octubre 2005

Concurso Internacional Tchaikovsky 2002

Posee real sentido musical, auténtica individualidad. Su Concierto No. 1 para violonchelo de Shostakovich electrizó a toda la concurrencia.

Orquesta Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; ésta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.

En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro Leslie Hodge, quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos, y al mismo tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara, A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.

En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.

En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.

Integrantes OFJ

Director Titular
Héctor Guzmán Mejía

Concertino
Sava Latsanich Belecanich

Segundo Concertino
Mariusz Patyra

Co-Concertino
Jolanta Michalewicz Brucz

Violines I
Efraín González Anaya
Heriberto Delgado Gutíerrez
Sergio Rodríguez Barrón
Aurelian Ionescu Georgescu
Alex Espinoza Díaz
Luis Cárdenas Saldaña
Alfonso Sida Ulate
Radu Iosef Varga Sirbu
Ramón Padilla Gómez

Violines II
Carlos Esteban Pichardo Santillán *
Víctor Padilla Zaragoza**
Esmiralda Miranova
Diego Rojas Miramontes
César Huízar González
Francisco Javier Ledezma Ramírez
Isaúl Sánchez Rivera
José Ascención Acosta Farías

Violas
Robert Carl Nelson*
Hugo Uribe Jauregui
José de Jesús De Loza Guevara**
Iouri Fiodorovich Kassian Macarchuk
Antonio Chavira Méndez
Cruz Alberto De Loza Guevara
Pedro Barbosa Salazar
José Alonso Pérez Hernández
Carlos Bonilla Solís

Violonchelos
Costinel Florica*
Petr Ziatkov **
Emmanuel Issac Ramírez Ríos
Humberto Ramírez Hermosillo
Yalissa Cruz Espino
Felipe de Jesús Gutiérrez Robledo
Mariana Martínez Cruz
Ramón Becerra Caro
Eduardo Javier Mendizabal Montes

Contrabajos
Hipólito Ramírez Durán*
Salvador Gómez Tachiquín
Gergana Todorova Marinova**
Mario Ballesteros García
Marco Antonio Valencia Velasco
Ryszard Ronowicz Borash
Marco Antonio Valencia Mederos

Flautas
Nury Ulate Solís *
Andrzej Witold Bozek Zaczek**
Pedro Velázquez Cardoso

Oboes
Carrie Ellen Smith *
Domingo Damián Ramírez Espinoza*

Corno Inglés
Nancy de la Caridad Calcedo Goytizolo

Clarinetes
Charles Edward Nath Ennis *
Carlos Ramírez Loesa**
Francisco Morán Espinoza

Fagotes
Igor Kozlovski Vladimirovich*
Luciano Pérez González**
Anani Georgiev Donev**

Cornos
Stephen Dale Wenrich Morrill *
Frank Callaway Strauch**
Oscar Morales Camacho
Mario Ponce Zúñiga
Colleen Louise Blake Harter

Trompetas
Federico Palacios Jiménez*
Araceli Villalvazo Robles **
Salvador Hoyos Quezada

Trombones
Bonifacio Padilla Rivera*
Arturo Navarro Esqueda

Trombón Bajo
Blas Asunción Padilla Mendoza**

Tuba
Manuel Cerros Guevara*

Arpa
Guadalupe Fabiola Corona Pérez*

Timbales
Felipe de Jesús Espinoza Gallardo*

Percusiones
Jorge Eduardo Aceves Cisneros**
Juan Ramón Aceves González
Alfredo Tiscareño Castellanos
Gustavo Ortiz López

Músicos Invitados
Ana Leonora Cervantes
Oswaldo Clemente Ascencio

Administración

Gerente General
Martha Inés Ramírez Aguilera

Gerente Administrativo
Emilio López Cruz

Gerente de Operaciones y Recursos Humanos
César Tena Ramírez

Jefa de Difusión y RP
Ingrid Deira Crespo Velázquez

Bibliotecario y Copista
Rodolfo Flores Almaraz

Asistente de Dirección
Ana María Delgadillo Morán

Asistente de Promoción
Roberto Vázquez De La Paz

Auxiliar Contable
Lucia Selene García Soria

Secretaria
Micaela Nuño Carmona

Ayudantes de Orquesta
Juan José Bautista Segura
Gustavo Siordia Arizaga
Juan Moisés Quintana Macías

Chofer
Luis Ignacio Vázquez Delgado

Intendencia
Araceli López Navarro


 

*Principal de sección
** Co-principal

Héctor Guzmán
Director titular

El maestro Héctor Guzmán, reconocido internacionalmente como uno de los músicos mexicanos más sobresalientes en la actualidad, es director titular de las sinfónicas de Plano, Irving y San Angelo en E.U. y en el 2004, tras resultar ganador del concurso internacional: Siete Directores por una Batuta, fue nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, reiterando su lugar como una de las figuras en el podium de más importancia en México y en el mundo.

Ha sido director huésped de importantes orquestas de México: OFUNAM, Xalapa, Estado de México, Cámara de Bellas Artes, Monterrey, Filarmónica de la Cd. de México, Sinfónica Nacional, así como de las orquestas de Dallas, San Antonio, Wheeling, la Sinfónica Nacional de la República Dominicana, la Collegium Orchestra en el Palacio Lichtenstein de la Academia de Música de Praga en la República Checa, la Filarmónica de Japón, la Orquesta Amadeus, la Milano Classica Orchestra, en Italia, y la Sinfónica de Murcia, España, entre otras. Su debut operístico tuvo lugar en el 2005 con la ópera El Barbero de Sevilla y en el 2007 estrenó en México la versión en español de la ópera Frida, con enorme éxito.

Nacido en Fresnillo, Zacatecas, Guzmán estudió en el Conservatorio Nacional de Música en México con Víctor Urbán y posteriormente en la Southern Methodist University y la Universidad del Norte de Texas, bajo la guía del célebre maestro Robert Anderson. A través de su trayectoria en estas instituciones, fue ganador de los concursos Manuel M. Ponce y Solistas del Conservatorio. En 1978, obtuvo para México el segundo lugar del concurso de órgano más importante en el mundo, el Grand Prix de Chartres celebrado en Francia. Ha contado con la guía en dirección orquestal de Anshel Brusilow (Philadelphia Orchestra), Helmuth Rilling (Universidad de Oregon), Carlo Maria Giulini (Accademia Musicale Chigiana, Italia), y su gran amigo y maestro Eduardo Mata.

En reconocimiento a su labor internacional, Héctor Guzmán ha sido honrado con premios como la Lira de Oro en México, el Meadows Award, el premio Director per Excellence, otorgado por el Instituto Tecnológico De Vry, en los Estados Unidos y la Medalla al Mérito Artístico 2005, la más alta condecoración otorgada por el gobierno del Estado de México a través del Conservatorio de Música del Estado de México. Asimismo fue galardonado con la Medalla al Mérito Artístico Candelario Huizar 2006, que le fue otorgada por el gobierno de Zacatecas. En el 2004, Héctor Guzmán fue nombrado Ciudadano Distinguido por su estado natal Zacatecas. Asimismo, recibió la Medalla de Plata 2004 otorgada por la sociedad americana: Sons of the American Revolution, por su contribución artística a nivel mundial y desde el 2000 esta incluido en el libro Grandes Músicos del Siglo XX, editado por el Instituto Biográfico de Cambridge, Inglaterra. En abril del 2007, la ciudad de Irving y la Cámara de Diputados del Estado de Texas, otorgaron al Mtro. Guzmán, un reconocimiento especial por su Trayectoria Artística a nivel internacional y en el 2008 la Embajada de Austria le otorgo la Medalla de Mozart en su nueva era: máximo reconocimiento en México a la excelencia en la música académica.

NOTAS AL PROGRAMA

 ENGELBERT HUMPERDINCK

(1 de Septiembre de 1854 – 27 de Septiembre de 1921).

Nació en Renania. Siguió los cursos del Instituto de Paderborn, y en 1872 se inscribió en el Conservatorio de Colonia, donde fue alumno de Fernando Hiller. Durante sus estudios  obtuvo como premio dos becas, la primera  en 1876 (Beca Mozart), convocada por la ciudad de Francfort; la segunda en 1879 (Beca Mendelssohn), convoda por la ciudad de Berlín. Hizo un viaje a Italia. Aquí encontró a Wagner, quien le condujo a Bayreuth, donde le ayudó en la representación de Parsifal. De 1885 a 1886, fue profesor de Teoría en el Conservatorio de Barcela. A continuación se desempeño varios puestos de importancia en Alemania, retirándose de la vida pública en el año 1920. Humperdinck ha compuesto gran número de obras, pero ninguna tan célebre como su ópera “Hänsel y Gretel”, según un libreto de una hermana suya (1893). Esta obra gusta sobre todo por sus melodías de corte popular, si bien se resiente bajo el peso de una densa instrumentación, hecho que proviene de la admiración del autor hacia Wagner.

ANTONIN DVORAK

Nacido en Nelahozeyes (Bohemia) el 8 de Septiembre de 1841; muerto en Praga el 1 de Mayo de 1904.   En 1857 entra en la escuela de organistas de Praga y aprende al mismo tiempo el piano y el violín, y a partir de 1862 toca la viola en la orquesta del Teatro de Praga; interpretó entre otras,  obras de Smetana, bajo la dirección del autor.   En 1865 escribe sus dos primeras sinfonías. En 1873 le nombran organista de la iglesia de San Adalberto, en Praga.   Después se va a trabajar a Viena, donde conoce a Brahms y gracias a él puede editar sus obras en Sinmrock (primera estancia en Inglaterra, país al que quedarán ligados algunos de sus mayores éxitos). 

 En 1880 es ya el autor de varias sinfonías, un concierto para piano, un concierto para violín, numerosas obras para piano y de música de cámara, composiciones vocales sagradas (Stabat Mater, Salmo 149) y profundas ( Los herederos de la Montaña Blanca), así como de varias óperas, entre ellas El rey y el carbonero y El pícaro campesino.   La Séptima sinfonía es de 1885, y a ella siguió el oratorio a Santa Ludmila.   Numerosos viajes condujeron a Dvorak a Hungría, Alemania y a Rusia, donde fue invitado por Chaikovski.   En 1890 fue nombrado doctor honoris causa de la Universidad de Cambridge.   En 1891-92 escribe sus oberturas sinfónicas En la naturaleza, Carnaval y Otelo.   En 1892 es invitado por el Conservatorio de Nueva York, donde permanecerá hasta 1895. De sus años americanos son el Te deum y sobre todo, su última Sinfonía del nuevo mundo, y el Concierto para Violoncelo. La vuelta a Checoslovakia estuvo marcada por una intensificación de su producción: serie de poemas sinfónicos (1896-97), las óperas El diablo y Catalina y Russalka (1899-1900). 

 Dvorak es reconocido al fin en su país y en el mundo entero y apreciado en su justo valor.   Creador de la Sinfónica Checa, es en general en su obra instrumental donde ha dado lo mejor de sí mismo. Más ecléctico que Smetana, refleja exactamente las referencias culturales de su país con, a la vez, una fuerte impregnación germánica (en cuanto a las formas tradicionales utilizadas) y la influencia reconocida de Brahms y la nada despreciable de Wagner; pero también refleja el enraizamiento con el terruño (importancia de las danzas nacionales en su obra) y el apego a las tradiciones históricas y legendarias eslavas.

CONCIERTO PARA VIOLONCHELO Y ORQUESTA OP. 104

Estrenado el 19 de Marzo de 1896 por Leo Stern bajo la dirección del autor.   Compuesto durante el invierno de 1894-1895, el Concierto para violoncelo es la última obra americana de Dvorak y, por su popularidad, tiene el segundo lugar después de la Sinfonía “Del Nuevo Mundo” y las Danzas eslavas.   Una vez de retorno a Checoslovaquia, Dvorak procedió a varias modificaciones de la partitura, sobretodo introduciendo al final una melodía de uno de sus Cuatro cantos opus 82 “Pueda mi alma”, a la memoria de su cuñada Josefina Kounicova, muerta poco tiempo antes y por la que sentía gran afecto.   El violoncelista presentido por el estreno del concierto era Hanus Wihan, uno de los mejores violoncehistas checos de la época, pero hubo un desacuerdo entre él y Dvorak, que rechazó totalmente el incorporar al concierto la cadenza que Wihan había compuesto para el final y no fue así, lo que no impidió a Wihan convertirse a continuación convertirse en un excelente intérprete  de este concierto, que es uno de los mas populares del repertorio concertístico, con el de Schumann o el primer concierto de Saint-Saëns (al cual es bien superior).   Pese a ser una obra “del nuevo mundo” no tiene ninguna señal de influencia americana, ya que se divide entre el sentimiento de nostalgia que sentía Dvorak, separado desde hacía tres años de su patria, y la energía que siempre bebió en sus raíces nacionales.

Los efectivos orquestales son:  la madera a dos, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, una tuba, timbales y la cuerda.

  1. Allegro:  comienza con la introducción orquestal tradicional, bitemática.   El primer tema célebre es expuesto desde el primer compás por el clarinete, está manifestamente inspirado por un tema del segundo movimiento de la Cuarta Sinfonía de Brahms, pero este tema no adquiere su plena dimensión hasta que no es repetido por toda la orquesta.   El segundo tema, en la trompa, pianíssimo, es un canto velado de misterio.   El solista entra con el primer tema, en modo mayor, seguido de largos acordes arpegiados.   A todo  lo largo del movimiento, que está dividido entre el ardor y la elegía, el brillo y la intimidad, el violoncelo será alternativamente cantante o virtuoso, sirviendo en este caso de acompañante de la orquesta con fórmulas de arpegios, de abigarramiento, de trinos.   La instrumentación, muy sonora en los tutti, dispone también  de combinaciones de timbales aislados de la orquesta con el violoncelo, sobre todo en la segunda parte del movimiento, Molto sostenuto (diálogo con la flauta).   Esta instrumentación deja transparentar la influencia de Chaikovski en la utilización preferencial de los instrumentos de viento.
  2. Adagio ma non troppo:  un trío de maderas (oboe, clarinete, fagot) canta un tema semipopular, semireligioso, repetido seguidamente por el violoncelo, que a continuación ejecuta frases ornamentales ascendentes; pero al fervor del comienzo suceden enseguida dolorosas quejas en apoyaturas de notas conjuntas.   Esta dualidad de sentimientos adquiere nueva fuerza en el episodio en sol menor que suigue.   Un tutti orquestal lanza un nuevo tema, poderoso y dramático, al que responden inmediatamente las cantilenas apaciguadoras del solista y de las maderas.   Este episodio se repite en si menor con algunas variantes (el solista se convierte en acompañante en el primer tiempo).   El tema del comienzo vuelve en las trompas sobre un fondo ritmado por pizzicatos de la cuerda y después se transfigura en el violoncelo en una bella ampliación (Quasi cadenza).   Toda la última parte del movimiento tiene un clima de majestad y de serena piedad, magnífica por su escritura despojada y por la elección de los timbres.
  3. Allegro moderatto: el final comienza con un ritmo de marcha sordamente acentuado por la cuerda grave mientras el tema principal es enunciado por las trompas en staccato.   Cuando reaparece, entonado por el solista, su naturaleza rítmica se tempera en provecho de los contornos melódicos.   El violoncelo lo desarrolla en su registro agudo, sosteniéndole a continuación con una sucesión de trinos cuando le repiten las maderas.   Progresivamente, se esboza un segundo motivo a partir de una célula de ritmos con puntillo desenvolviéndose en una melodía amable y danzarina que lleva un nuevo episodio del final (Poco meno mosso), en el que el violoncelo ejecuta figuras ornamentales graciosas, entrecortadas por fragmentos de la melodía, mientras un nuevo tema, sencillo y apacible, pasa por el clarinete.   El virtuosismo de la parte solista se intensifica (rasgos en tresillos de semicorcheas) hasta un tutti que conduce a una repetición del segundo tema del movimiento, en stretta con el violoncelo, la flauta y el oboe.   Después de una corta repetición del tema principal, un tercer episodio, Andante en sol mayor –tonalidad que se mantendrá esencialmente hasta el final- marca el paso a la ultima parte con una intensificación de la orquestación y del dinamismo.   El tema principal resuena ahora como una fanfarria de trompas de casa sobre armonías fundamentales (sexta, quinta, tercera).   El comienzo de la coda, pianissimo, deja oír de repente dos recuerdos del tema del primer movimiento que aparecía en los clarinetes.   Entre ellos se sitúa, en el violín solo y las maderas, un extracto del canto “pueda mi alma”.   Un rápido cresendo concluye la obra con un poderoso estallido orquestal.

 

RICHARD WAGNER

 Nacido en Leipzing el 22 de mayo de 1813; muerto en Venecia el 13 de febrero de 1883. Uno de los gigantes del teatro lírico del siglo XIX. Un idealista que quiere ser ante todo poeta, escribiendo él mismo sus libretos y pensando en la ópera ante todo como un drama, texto y música fundidos en el mismo crisol, así como todos los elementos artísticos complementarios. El “arte total” es también una visión del mundo, y la de Wagner, musical poética, filosófica y religiosa, encontrará su  desenlace en el ciclo de la tetralogía y en Parsifal. Las primeras obras, Las Hadas 81834, estreno póstumo en 1888), y Das Liebesverbot (1836), aún tienen referencias explícitas a las formas en uso en la época, heredadas de Weber y de Marschner tanto como de la ópera italiana o de la ópera cómica francesa; incluso Rienzi (1842), “gran ópera trágica”, no escapa a los clichés al estilo de Meyerbeer. Con El buque fantasma (1843) y Tannhäusser (1845), la ópera romántica cede poco a poco el sitio a una concepción más personal y más unitaria y rompe las cadenas de la ópera con los “números”, gracias a los temas conductores (leitmotiv) cada vez más numerosos.  Lohengrin será un paso hacia adelante (1850) y Tristán e Isolda (1865) otro, mientras que Los maestros cantores (1868), perecerán un retorno al pasado.

Por el contrario, la Tetralogía acabada en 1874, expresará la apoteosis de una de las investigaciones más originales de la historia de la música, de la que Parsifal (1882) será el epílogo.

TRISTAN E ISOLDA: PRELUDIO Y MUERTE Y AMOR

Era el 10 de junio de 1865, en el Teatro de la Corte de Munich, cuando se estrenó “esta acción musical en tres actos”, una de las obras maestras más admiradas de toda la historia de la ópera. Sin duda la denominación de acción musical no podía ser más precisa, ya que aquí todo está vivido desde el interior y no hay intriga en el sentido clásico del término, sino que hay una acción que sólo puede nacer de la relación entre el texto y la música.

Un análisis detallado del preludio de Tristán sobrepasaría el cuadro de nuestros propósitos. Pocas páginas, es verdad, han hecho correr tantos ríos de tinta. Seis temas lo recorren, los dos motivos fundamentales, la Confesión y el Deseo, están  expuestos desde el comienzo: el primero, descendente, confiado a los violonchelos; el segundo ascendente, murmurado piano por el óboe; cada una de las tres repeticiones comienza con el famoso acorde disonante que después ha determinado llamándose “acorde de Tristán”. Hay otros temas clave en este preludio: los de la Mirada de Filtro (filtro de amor y de muerte); el de la liberación por la muerte. Oposición de temas, de tonalidades (la menor, la mayor), de matices (piano e forte), de ritmos (notas largas y breves), de dinámica (crescendo y descreyendo), esta pieza, que utiliza todas las complejidades del lenguaje cromático, constituye el pórtico más deslumbrador que jamás se haya escrito para un primer acto y recorre toda la escala de los sentimientos, del paroxismo enfebrecido a la calma final.

Mucho menos deslumbradora la idea de hacer seguir en concierto la “muerte de Isolda” (el momento más conocido de partitura…) sin cantante, lo que priva de todo su sentido a ese crescendo ininterrumpido hacia la tonalidad de si mayor y desnaturaliza esta sublime transfiguración, última fusión del canto y de la música hasta llegar al éxtasis.

 PAUL HINDEMITH

Nacido el 16 de noviembre de 1895 en Hanau (Hesse); muerto en Francfort del Marine el 28 de diciembre de 1963. Nacido en una familia modesta y notablemente dotado desde su infancia para la música, hizo sus estudios en el Conservatorio de Francfort con Arnold Mendelssohn y Bernahar Sekles. A los veinte años es primer violín de la Ópera de Francfort, y más tarde director principal. Fundó el cuarteto Amar, del que fue viola, ya que durante toda su vida Hindemith siguió siendo un virtuoso sin par de este instrumento. A partir de 1922 se le reconoce como un compositor importante (Tercer cuarteto de cuerda). Por entonces es el autor de obras que producen escándalo, como las óperas en un acto Asesino, esperanza de las mujeres y Sancta Susana, que hacen olvidar que Hindemith es un músico serio, aunque de temperamento jovial, prendado por la técnica contrapuntista y que busca sus modelos en Bartok y Haendel.

En 1927 es profesor de composición de la Hochschule für Musik de Berlín pero poco después de la llegada del nazismo, sospechoso de “pervertir de la forma más vil la música alemana”, sus obras dejarán de interpretarse y Hindemith se expatrió a Suiza en 1937, para instalarse en Estados Unidos en 1940, donde dirigió el departamento musical de la Universidad de Yale (Connecticut) hasta 1953. Presentado para el mismo puesto de la Universidad de Zürich (después de haber rechazado el de la Hochsschule de Berlín), Hindemith se estableció en Suiza sin  dejar nunca de componer. Su última ópera, La armonía del mundo, escrita allí, no alcanzó la fama de las de antes de la guerra, Cardillac y sobre todo Matías el Pintor. Su última obra en 1963, fue una Misa para coros a capella, una “summa teológica”, como quería ser La armonía del mundo (que más adelante juzgaremos, a través del análisis que consagraremos a la sinfonía del mismo nombre).

 Hindemith (y quizá su música sufrió por ello) fue un teórico apasionado que expuso los resultados de su investigación en un tratado de composición y de síntesis musical titulado Unterweisung im Tonsatz, donde plantea el principio de irreductibilidad del hecho tonal y la necesidad de una “tonalidad ensanchada” que no utilice la oposición mayor-menor, sino que se apoye sobre un orden jerárquico de los intervalos. De ahí la abundancia de sus obras de confesado carácter didáctico (el Ludus Tonalis para piano, por ejemplo) o disfrazado (la ópera Matías el Pintor). De ahí también las referencias explícitas a la historia de la música (Metamorfosis sinfónica de temas de Weber entre otras), sin contar las tentativas de  Gebrauchsmusik (música “funcional” o “utilitaria”). Todos estos rasgos de la música de Hindemith, señalados hasta llegar a la caricatura por sus detractores, no le han hecho eminentemente popular. Su música es muy difundida en Alemania y casi desconocida en Francia *. Pero  sería ya hora, sin embargo de que se hiciera justicia a este heredero de una gran tradición desde Bach a Brahms y Max Reger, que fue al mismo tiempo un “revolucionario del mundo musical del siglo XX” (Emmanuel Loubet). A continuación encontraremos la esencia de su obra sinfónica y numerosas obras concertantes.

METAMORFOSIS SINFONICAS SOBRE TEMAS DE CARL MARIA VON WEBER

Esta pieza para gran orquesta fue compuesta en 1943 en Estados Unidos y estrenada al año siguiente en Nueva York bajo la dirección de Arthur Rodzinsky. Si la obra puede inscribirse dentro de la tradición de las “variaciones sinfónicas” (ver sobre todo César Franck y Brahms, también es verdad que es algo más, una especie de breve sinfonía en cuatro movimientos en la que se tratan temas prestados por otro músico.

Sería vano en este aspecto compararla con la Metamorfosis para cuerda de Richard Strauss (escritas un año más tarde), ya que Hindemith había practicado el ejercicio de la variación desde 1927 en su Kammermusik número 5 (variaciones sobre una marcha militar, ver más adelante), en sus Variaciones de concierto para orquesta, de 1932, y lo haría de nuevo en su Sinfonía serenata de 1946. Es, pues, una tradición propiamente germánica, la que se perpetúa a través de esta obra con, hay que admitirlo, una renovación personalísima del procedimiento (los temas son “memorfoseados”, desde su exposición, por medio del lenguaje particular del músico) y los constantes hallazgos de escritura instrumental (como ocurre con el “exotismo” del segundo movimiento, tan hábilmente sugerido por una percusión que utiliza instrumentos tales como el triángulo, tambor, pequeño gong, bloque de madera o campanas).

Tenemos sucesivamente: un Allegro brillante y virtuoso que toma como pretexto una de las Ocho piezas opus 60 de Weber (para piano a cuatro manos), concebida para la Turandot de Schiller: el tema “chino” es sometido a ocho variaciones; la configuración pentatónica original es respetada escrupulosamente, lo que da lugar a sutiles modificaciones armónicas y rítmicas.

El tercer movimiento, especie de intermedio lírico, es un Andantino según una de las Seis piezas opus 10 de Weber (también para piano a cuatro); la forma de lied  A B A prevalece, con una repetición en la que parte de flauta no pasa desapercibida. A  manera de final, una Marcha, de nuevo según una de las Ocho piezas opus 60, para piano, ampliación progresiva que concluye con reminiscencias de las variaciones de los tres primeros movimientos. En toda esta obra, nunca anda lejos el humor e incluso hay algunos rasgos de parodia. Pero es, sobre todo, la vivacidad del discurso sinfónico; las consecuciones de una escritura orquestal perfectamente dominada, resplandeciente muchas veces, consiguen una obra interesante.

 

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