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| Programa general | Teatro Degollado |

Concierto Viernes 6 de Junio
Clausura

Orquesta Filarmónica de Jalisco
Héctor Guzmán, director titular
Ingolf Turban, violín

Teatro Degollado
20:30 Hrs.

Programa:

Obertura “Der Freischütz”  de Carl Maria von Weber (1786 –1826)
[9 min]
I –Adagio-Molto vivace

Concierto para violín y orquesta No. 2 de Felix Mendelssohn (1809-1847)
[30 min]

I –Allegro  molto appassionato
II – Andante
III- Allegretto non troppo- Allegro molto vivace

 

Intermedio
Sinfonía No. 2 de Johannes Brahms (1833-1897)
[44 min]

I –Allegro non troppo
II – Adagio non troppo –L´istesso tempo, ma grazioso
III- Allegretto grazioso- Presto ma non assai
IV- Allegro  con spirito

Héctor Guzmán
Director titular

El maestro Héctor Guzmán, reconocido internacionalmente como uno de los músicos mexicanos más sobresalientes en la actualidad, es director titular de las sinfónicas de Plano, Irving y San Angelo en E.U. y en el 2004, tras resultar ganador del concurso internacional: Siete Directores por una Batuta, fue nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, reiterando su lugar como una de las figuras en el podium de más importancia en México y en el mundo.

Ha sido director huésped de importantes orquestas de México: OFUNAM, Xalapa, Estado de México, Cámara de Bellas Artes, Monterrey, Filarmónica de la Cd. de México, Sinfónica Nacional, así como de las orquestas de Dallas, San Antonio, Wheeling, la Sinfónica Nacional de la República Dominicana, la Collegium Orchestra en el Palacio Lichtenstein de la Academia de Música de Praga en la República Checa, la Filarmónica de Japón, la Orquesta Amadeus, la Milano Classica Orchestra, en Italia, y la Sinfónica de Murcia, España, entre otras. Su debut operístico tuvo lugar en el 2005 con la ópera El Barbero de Sevilla y en el 2007 estrenó en México la versión en español de la ópera Frida, con enorme éxito.

Nacido en Fresnillo, Zacatecas, Guzmán estudió en el Conservatorio Nacional de Música en México con Víctor Urbán y posteriormente en la Southern Methodist University y la Universidad del Norte de Texas, bajo la guía del célebre maestro Robert Anderson. A través de su trayectoria en estas instituciones, fue ganador de los concursos Manuel M. Ponce y Solistas del Conservatorio. En 1978, obtuvo para México el segundo lugar del concurso de órgano más importante en el mundo, el Grand Prix de Chartres celebrado en Francia. Ha contado con la guía en dirección orquestal de Anshel Brusilow (Philadelphia Orchestra), Helmuth Rilling (Universidad de Oregon), Carlo Maria Giulini (Accademia Musicale Chigiana, Italia), y su gran amigo y maestro Eduardo Mata.

En reconocimiento a su labor internacional, Héctor Guzmán ha sido honrado con premios como la Lira de Oro en México, el Meadows Award, el premio Director per Excellence, otorgado por el Instituto Tecnológico De Vry, en los Estados Unidos y la Medalla al Mérito Artístico 2005, la más alta condecoración otorgada por el gobierno del Estado de México a través del Conservatorio de Música del Estado de México. Asimismo fue galardonado con la Medalla al Mérito Artístico Candelario Huizar 2006, que le fue otorgada por el gobierno de Zacatecas. En el 2004, Héctor Guzmán fue nombrado Ciudadano Distinguido por su estado natal Zacatecas. Asimismo, recibió la Medalla de Plata 2004 otorgada por la sociedad americana: Sons of the American Revolution, por su contribución artística a nivel mundial y desde el 2000 esta incluido en el libro Grandes Músicos del Siglo XX, editado por el Instituto Biográfico de Cambridge, Inglaterra. En abril del 2007, la ciudad de Irving y la Cámara de Diputados del Estado de Texas, otorgaron al Mtro. Guzmán, un reconocimiento especial por su Trayectoria Artística a nivel internacional y en el 2008 la Embajada de Austria le otorgo la Medalla de Mozart en su nueva era: máximo reconocimiento en México a la excelencia en la música académica.

INGOLF TURBAN, violín

El Washington Times se refirió a él como “el genio alemán”, aclamando su inolvidable debut. En esa ocasión, Ingolf Turban se había presentado como solista de violín, con Sergiu Celibidache y la Munich Philharmonic Orchestra, y le llovían contratos de muchos lugares del mundo. Durante su carrera ha dado muestras de su calidad en prestigiados recintos para concierto en Europa y Estados Unidos, actuando en compañía de unas sesenta orquestas dirigidas por los más renombrados maestros.

Así es como su repertorio ha venido creciendo continuamente, cubriendo todas las más importantes obras de las eras del Barroco, el Clásico y el  Romántico. Más aún, Turban se ha dedicado con devoción a ejecutar obras raramente presentadas, de compositores tales como Joseph Achron, Heinrich Wilhelm Ernst Karl-Amadeus Hartmann y Ludwig Thuille.

Ingolf Turban es apasionado intérprete de Niccolo Paganini, habiendo ya grabado muchas de sus composiciones. Su dedicación para ofrecer a su audiencia algo surgido de la genial inspiración de Paganini, le ha valido cosechar inolvidables éxitos.

Este fascinante repertorio le ha valido a Turban el incremento de su discografía, con más de 30 CDs. Muchos de éstos son primeras grabaciones que han recibido valiosos premios, y han establecido nuevos standards, acorde a la opinión de la prensa especializada.

A principios de 2005, Turban fundó la orquesta de cámara I virtuosi di Paganini, y en Marzo de 2006 debutó con la New York Philharmonic Orchestra, en el New York Avery Fisher Hall. Actualmente es profesor en el Munich College of Music.

Ingolf Turban nació en el seno de una madre pianista y de un padre doctor y entusiasta enamorado de la música. No extraña que haya echado raíces en Munich, donde vive con su familia.

PRENSA

... Luego, el violinista alemán Ingolf Turban, en su debut con la Philharmonic, fue solista para el Primer Concierto para Violín de Paganini. Como notorio exponente de Paganini, Turban dio rienda suelta a las descargas de su virtuosismo, acometiéndolas sin temor alguno, con alegría, impresionantemente...

The New York Times

... El solista invitado de la noche fue el joven violinista alemán Ingolf Turban, ejecutando el Concierto No. 2 de Wieniawski... Su ejecución puso de relieve sensibilidad y estilo... Turban y la orquesta se combinaron para producir la más satisfactoria exploración de esta pieza emocionalmente rica...

Pittsburgh Tribune-Review

El escenario estaba desnudo anoche, en el Kennedy Center Terrace Theatre: sin piano, sin silla, ni siquiera un atril. Ante esta austeridad entró el violinista alemán Ingolf Turban, quien con su instrumento nos hizo disfrutar una maravillosa función de música sin acompañamiento... El comando, el dominio de la obra por Turban fue magistral.

The Washington Post  

Sorprendente debut de un genio alemán

... Alto y esbelto, exultante con encanto juvenil y guapura, Turban tocó el Concerto in La Major de Glazunov, un ejercicio en virtuosismo que, a no dudar, es un bienvenido cambio de las multitocadas obras en el repertorio para violín.

Washington Times

 ... Sin el menor apoyo orquestal, Turban valió por todo en su solo, ejecutando las Variaciones de Paganini en “Nel cor piú non mi sento” para una audiencia que escuchaba anhelante esa parte de diez minutos. Primero vinieron las delicadas armonías y los diabólicos gorjeos dobles; luego, con su mano del arco inmóvil, Turban punteó las notas simultáneamente con la mano izquierda, con increíble velocidad. Los violinistas de la orquesta titular quedaron impresionados, boquiabiertos, mientras la destreza era premiada por la audiencia puesta de pie...
Turban tuvo su oportunidad de ganarse el afecto de todos los presentes, con el Concierto para Violín de Glazunov, una auténtica joya y una de las pocas composiciones de Glazunov ejecutadas con alguna frecuencia. Turban no perdió la oportunidad. Desde el inicio del moderato estableció una compulsiva presencia con su segura, dulce entonación...

The Washington Post     

Orquesta Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; ésta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.

En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro Leslie Hodge, quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos, y al mismo tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara, A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.

En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.

En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.

Integrantes OFJ

Director Titular
Héctor Guzmán Mejía

Concertino
Sava Latsanich Belecanich

Segundo Concertino
Mariusz Patyra

Co-Concertino
Jolanta Michalewicz Brucz

Violines I
Efraín González Anaya
Heriberto Delgado Gutíerrez
Sergio Rodríguez Barrón
Aurelian Ionescu Georgescu
Alex Espinoza Díaz
Luis Cárdenas Saldaña
Alfonso Sida Ulate
Radu Iosef Varga Sirbu
Ramón Padilla Gómez

Violines II
Carlos Esteban Pichardo Santillán *
Víctor Padilla Zaragoza**
Esmiralda Miranova
Diego Rojas Miramontes
César Huízar González
Francisco Javier Ledezma Ramírez
Isaúl Sánchez Rivera
José Ascención Acosta Farías

Violas
Robert Carl Nelson*
Hugo Uribe Jauregui
José de Jesús De Loza Guevara**
Iouri Fiodorovich Kassian Macarchuk
Antonio Chavira Méndez
Cruz Alberto De Loza Guevara
Pedro Barbosa Salazar
José Alonso Pérez Hernández
Carlos Bonilla Solís

Violonchelos
Costinel Florica*
Petr Ziatkov **
Emmanuel Issac Ramírez Ríos
Humberto Ramírez Hermosillo
Yalissa Cruz Espino
Felipe de Jesús Gutiérrez Robledo
Mariana Martínez Cruz
Ramón Becerra Caro
Eduardo Javier Mendizabal Montes

Contrabajos
Hipólito Ramírez Durán*
Salvador Gómez Tachiquín
Gergana Todorova Marinova**
Mario Ballesteros García
Marco Antonio Valencia Velasco
Ryszard Ronowicz Borash
Marco Antonio Valencia Mederos

Flautas
Nury Ulate Solís *
Andrzej Witold Bozek Zaczek**
Pedro Velázquez Cardoso

Oboes
Carrie Ellen Smith *
Domingo Damián Ramírez Espinoza*

Corno Inglés
Nancy de la Caridad Calcedo Goytizolo

Clarinetes
Charles Edward Nath Ennis *
Carlos Ramírez Loesa**
Francisco Morán Espinoza

Fagotes
Igor Kozlovski Vladimirovich*
Luciano Pérez González**
Anani Georgiev Donev**

Cornos
Stephen Dale Wenrich Morrill *
Frank Callaway Strauch**
Oscar Morales Camacho
Mario Ponce Zúñiga
Colleen Louise Blake Harter

Trompetas
Federico Palacios Jiménez*
Araceli Villalvazo Robles **
Salvador Hoyos Quezada

Trombones
Bonifacio Padilla Rivera*
Arturo Navarro Esqueda

Trombón Bajo
Blas Asunción Padilla Mendoza**

Tuba
Manuel Cerros Guevara*

Arpa
Guadalupe Fabiola Corona Pérez*

Timbales
Felipe de Jesús Espinoza Gallardo*

Percusiones
Jorge Eduardo Aceves Cisneros**
Juan Ramón Aceves González
Alfredo Tiscareño Castellanos
Gustavo Ortiz López

 

Administración

Gerente General
Martha Inés Ramírez Aguilera

Gerente Administrativo
Emilio López Cruz

Gerente de Operaciones y Recursos Humanos
César Tena Ramírez

Jefa de Difusión y RP
Ingrid Deira Crespo Velázquez

Bibliotecario y Copista
Rodolfo Flores Almaraz

Asistente de Dirección
Ana María Delgadillo Morán

Asistente de Promoción
Roberto Vázquez De La Paz

Auxiliar Contable
Lucia Selene García Soria

Secretaria
Micaela Nuño Carmona

Ayudantes de Orquesta
Juan José Bautista Segura
Gustavo Siordia Arizaga
Juan Moisés Quintana Macías

Chofer
Luis Ignacio Vázquez Delgado

Intendencia
Araceli López Navarro


 

*Principal de sección
** Co-principal

NOTAS AL PROGRAMA

CARL MARIA VON WEBER

Nació el 18 (o 19) de noviembre de 1786, en Eutín, en el Holstein; muerto el 5 de junio de 1826 en Londres. Era hijo de un violinista que llegó a ser director de un teatro itinerante; la educación del joven Carl Maria se fue realizando al azar de las giras, y sin duda adquirió conocimientos del mecanismo del teatro que le serían útiles más tarde.

Interesado tanto por la litografía como por la música, optó por la  última al llegar a los diecisiete años, aunque no manifestó al comienzo dotes especiales. En 1804 obtuvo el puesto de Kapellmeister del teatro de Breslau, por recomendación del abate Vogler  su profesor de música en Viena, puesto en el que se curtió en la práctica teatral, pero que abandonó dos años más tarde para convertirse en secretario privado del duque Ludwing, en Wurtemberg, donde  se cultivó, pero de donde, acusado de estafa, fue expulsado. De 1811 a 1913 emprendió una gira de conciertos a través de Alemania, y cuando fue a Praga fue contratado como Kapellmeister del teatro, puesto en el que permaneció hasta 1816. Finalmente, fue director de la Ópera alemana de Dresde hasta su muerte. Toda la vida de Weber estuvo, pues orientada hacia el teatro, y sus creaciones musicales estuvieron impregnadas por éste. Es verdad que su gloria póstuma reposa sobre tres obras líricas de primera magnitud: Der Freiscütz (estrenada en Berlín en 1821, y que valió al autor triunfar en toda Europa), Euryanthe, una obra espléndida, pero dramáticamente poco lograda, y Oberon, ópera concebida en inglés para el Convent Garden de Londres, donde fue estrenada en 1826; nuevo triunfo al que compositor, minado por la tuberculosis,  no sobrevivió. Cuando su cuerpo, inhumado primero en Londres, fue repatriado a Alemania en 1844, el elogio del músico fue pronunciado por Wagner, que veía en Weber al iniciador de un verdadero teatro  nacional (a despecho de antecedentes tales como Un rapto en el serrallo o La flauta encantada), y que nunca disimuló su deuda con él. Sin duda está justificado el que en las salas de concierto las tres oberturas de Der Freischütz, Euryanthe y Oberon brillen con todo su resplandor melódico y orquestal. Sin embargo, no hay que olvidar tan rápidamente que Weber es también el autor de obras concertantes, tres para piano, tres para clarinete y otras para flauta, para trompa o para fagot.

Su música vocal (misas, cantatas, lieder alemanes) e instrumental (entre ellas seis sonatas para violín y composiciones para piano), contribuyen otra parte de la obra un poco olvidada de Weber. Pero todos conocen, bajo su forma orquestal, la famosa Invitación al Vals, que originalmente era una pieza para piano.

DER FREISCHÜTZ

Ni verdaderamente selección ni “pot-pourri” de páginas de ópera, esta Obertura está construida como un movimiento sinfónico que determina la temática de la obra. Fue en su época considerada innovación, que anunciaba ya las obras “con programa” de Beriloz y de Liszt, o las primeras oberturas de Wagner. Lo mismo ocurre con las partituras  orquestales, que juegan  en ella un importante papel y el propio Weber habló de una “unidad de tono fundamental” de su ópera, atormentada por lo sobrenatural y toda ella bañada por lo fantástico. El estreno, triunfal, tuvo lugar el 18 de junio de 1821 en Berlín.

La corta y lenta introducción nos trae un motivo de trompa que simboliza la vida de los cazadores y al mismo tiempo al Bosque, omnipresente en el drama, verdadero personaje de la acción. En el Allegro escuchamos, con los mismos colores sombríos, un motivo aterrador (trémolo de la curda sobre todo, clarinetes en el registro grave y golpes de los timbales), que cercan el universo siniestro de Samiel, “cazador negro”. Como eco, otro tema, el de la desesperación de Max en el primer acto (“Lebt kein Gott”), expresado en el clarinete y los fagots antes de que estalle, en un aterrador fortísimo, el tema de la Garganta de los Lobos. Un claro acorde de mi bemol mayor crea la ruptura: es un nuevo motivo del clarinete el que nos lleva hasta el canto de amor de Agata, de una intensa alegría.

Los motivos maléficos resuenan todavía pero un luminoso Do mayor consagra con el canto de Agata la victoria del día sobre la noche, del Bien y del Amor sobre las potencias infernales.

 FELIX MENDELSSOHN BARTHOLDY

Nacido en Hamburgo el 3 de febrero de 1809; muerto en Leipzig el 4 de noviembre de 1847. Dotado  precozmente para la música y gozando de una situación social envidiable (era hijo de un rico banquero israelita), gran viajero, muy culto  y con un talento fuera de lo corriente en varios terrenos artísticos (la pintura entre otros). Mendelssohn ejerció una fuerte influencia en la vida musical de su época: descubrió a Juan Sebastián Bach (al cual rindió un verdadero culto), a Haendel y realizó interpretaciones sinfónicas modélicas de las obras de Beethoven y de las óperas de Mozart, como director de orquesta. ¿Quizá su música ha sufrido con tanta facilidad y superabundancia  de actividades? El caso es que ha adquirido una fastidiosa reputación de facilidad y de “buen gusto” un poco meloso (sobre todo en sus obras de piano). Sin embargo, las obras sinfónicas la música de cámara y la música sacra escapan ampliamente a tales quejas; en ellas descubrimos una verdadera sensibilidad romántica, aliada a un sentido de la medida que es la de un clásico, quizá el último músico clásico.

Mendelssohn ha escrito cinco sinfonías para orquesta (más doce sinfonías de su juventud, para orquesta de cuerda) y mucha música para la escena, así como dos marchas. Entre las sinfonías se ejecutan especialmente al número 3 “Escocesa”, la número 4, “Italiana” y la número 5, “De la Reforma”. Se caracterizan por el rigor de su construcción, por el equilibrio instrumental, la belleza de sus temas y su flexibilidad melódica. Entre la música  para la escena hay que destacar sobre todo la escrita para El sueño de una noche de verano, quizá la más corriente ejecutada; entre sus oberturas, destacan Las Hébridas (La Gruta del Fingal), Mar en calma y Viaje feliz y La bella Melusia; también suele ejecutarse bastante en concierto la de Ruy Blas. Finalmente, entre las obras concertantes, el Segundo concierto para violín ocupa un lugar privilegiado en el  repertorio internacional.

 CONCIERTO NO.2  OP. 54

Esta partitura de una maravillosa inspiración ha conquistado su fama mundial gracias a una equivocación: muchos virtuosos del arco han brillado en ella para su mayor gloria, mientras que la obra, tanto por su naturaleza como por los refinamientos de su estilo concertante, exige una interpretación llena de sobriedad. La obra,  comenzada en 1838, sólo fue acabada en 1844, durante una estancia de vacaciones del músico en Soden, cerca de Francfort. Mendelssohn, enfermo, no pudo asistir al estreno, que tuvo lugar en el Gewandhaus de Leipzig el 13 de marzo de 1845, con el violinista Ferdinand David como solista (era el dedicatorio de la obra y había prodigado sus consejos al compositor), siendo dirigida la orquesta por el compositor danés Niels Gade. Sin embargo, Mendelssohn pudo escuchar más tarde su concierto, soberbiamente interpretado por el joven Josef Joachím, el  3 de octubre de 1847, también en Leipzig. Unos meses más tarde moría el autor…

Los tres movimientos se ejecutan sin interrupción.

1.         Allegro molto apassionato: A partir del segundo compás es el instrumento solista el que  expone el tema inicial en un matiz piano y suave, de una notable ductilidad.

La orquesta lo repite y nos lleva a una idea adyacente,  antes de la exposición del segundo tema, sobre un bello y tranquilo motivo coral en el que las maderas introducen al violín. Un desarrollo libre  y una cadenza (escrita) del solista preceden la reexposición. “Hay pocos momentos musicales que acierten hasta este punto, que alcancen esta perfección de sus engranajes, como el que ofrece la vuelta de la orquesta después de la cadenza  del primer movimiento. El violín, en esta terminal de la curva melódica, introduce el tutti con tal delicada facilidad que casi se siente una satisfacción táctil…” (Michael Ciry). Finalmente, una brillante y poderosa coda que acaba con una tenida del primer fagot (si), permite encadenar directamente el segundo movimiento.

2.         Andante: Tiene la forma de un lied ternario, de una gracia soñadora, un poco sentimental, que da al violín la ocasión de concertar en largas y delicadas ondulaciones. Un nuevo puente de estilo recitativo nos conduce al final.

3.         Allegro non troppo-Allegro molto vivance: De forma sotana, con el estilo clásico de un rondó. El diálogo de la orquesta y del solista se hace cada vez más cerrado, voluble, a partir de un rítmico lleno de fuerza.

Desarrollo final de una fantasía completamente espontánea, de un virtuosismo que nunca es gratuito y que exige por parte del violinista una ejecución perfectamente controlada, tanto en la expresión como en los efectos de brillo que requiere la partitura.

No hay duda de que este concierto de Mendelssohn reeditó el  excepcional éxito de El sueño de una noche de verano, y que hay que ratificar sin dudas el lugar escogido que la obra ocupa en la literatura romántica para violín.

JOHANNES BRAHMS

Nacido en Hamburgo el 7 de mayo de 1833; muerto en Viena el 3 de abril de 1897.   Comenzó a estudiar música con su padre, que tocaba la trompa y el contrabajo, y estudió piano con Kossel y la composición con Marxen.  En su juventud fue pianista de cabaret y dio lecciones,  pero a partir de 1848 empezó a dar recitales. En 1853 efectuó una gira acompañando al violinista húngaro Edouard Remenyi, que le enseñó las melodías populares húngaras (de hecho zíngaras), pero con quien riñó pronto.  El mismo año conoció a Joachim y a Schumann, que le animó calurosamente.   Brahms conservó toda su vida relaciones de estrecha amistad con Clara Suman. Entre 1854 y 1859, escribió su Primer concierto para piano, que marca el final del primer período de su obra, llamada de “Sturm und Drang”.  

En 1857-59 fue director de música de Detmold. Las dos Serenatas, sus primeras dos obras para orquesta sola datan de 1858 y 1860. No habiendo podido encontrar un empleo estable en su ciudad natal, Brahms fija su residencia en Viena a partir de 1862 y ya no abandona esta ciudad,  salvo para sus giras o sus temporadas de descanso.

En 1864 encuentra a Wagner, que inmediatamente le perseguirá con su malevolencia. Por el contrario, Brahms, se beneficiará toda su vida del apoyo incondicional, aunque torpe,de Hanslick, el célebre crítico.   Los años sesenta lo consagra a la composición de algunas de sus grandes obras para piano (variaciones sobre un tema de Haendel, variaciones sobre un tema de Paganini), a la música de cámara y al Réquiem alemán.   Hasta 1873 no vuelve el compositor a trabajar la escritura para orquesta con las variaciones sobre un tema de Haydn, inmediatamente seguidas de su Primera sinfonía, cuyos bocetos remontan nada menos que a mediados del año 1850, y que fue acabada en 1876. 

 La Segunda sinfonía lleva la fecha de 1877 y es seguida el mismo año por el Concierto para violín, que sigue siendo una de sus obras mas célebres.   De 1872 a 1875. Brahms dirige la Sociedad de Amigos de la Música de Viena. En 1878 conoció a Dvorak, a quien admiró y sostuvo.   En 1879 efectúa una gira con Joachim. Una de sus obras maestras,  su Segundo concierto para piano, lo terminó el año 1881.   Sus Tercera y Cuarta sinfonías siguieron inmediatamente a este concierto, después de lo cual Brahams no volvió a la orquesta hasta que en 1888 escribió su bello y original Doble concierto para violín y violoncelo.   Heredero de Beethoven por el contenido conflictivo de su música, de Schubert por su apego al tematismo popular, de Schumann por su lirismo y su sentido del heroísmo caballeresco, Brahms estuvo muy cerca también de los maestros y de los modelos clásicos y preclásicos.   Toda su vida fue refractario a la ópera y a la música “de programa” exaltó la música pura, romántico por naturaleza, pero clásico por su preocupación por una arquitectura y un estilo tradicionales,   Sus sinfonías son modelos de equilibrio y de densidad, pero es sobre todo en las Variaciones sobre un tema de Haydn y en sus obras de concertantes donde mejor demuestra sus cualidades de la factura y el alcance emocional de su inspiración.

LAS SINFONÍAS

Igual a Schumann, Brahms solo escribió cuatro sinfonías, compuestas en nueve años, pero cronológicamente reagrupadas de dos en dos (1876-77 y 1883-85).   Es importante señalar que Brahms esperó a tener escritos un concierto para piano, sus dos serenatas sobre un tema de Haydn (y cuarenta años cumplidos), para componer su Primera sinfonía, dejando quizá adivinar así la responsabilidad que él entendía que asumía al convertirse en el heredero de Beethoven.   Sin embargo, si bien es cierto que son evidentes algunas referencias de Beethoven (sobre todo en la sinfonía número 1),  las sinfonías de Brahams se caracterizan por su renuncia al scherezo, tan importante en Beethoven, que normalmente se reemplaza por un movimiento medio característico, de espíritu schubertiano. El movimiento lento sigue inmutablemente en segundo lugar, mientras que es corriente en los románticos el colocarlo en el tercero. En cuanto a la forma cíclica, nunca es ostensible, ni incluso fácil de descubrir al escucharlas, pero está presente, de forma subyacente, pudiendo deducirse los temas de los diversos movimientos de una célula básica.

SINFONIA NO. 2  OP. 73

Estrenada en Viena el 30 de diciembre de 1877 bajo la dirección de Hans Richter.   Fue compuesta inmediatamente después de finalizar la primera sinfonía y terminada rápidamente, en lo esencial, durante el verano de 1877, que Brahms pasó en Prortschach, en el Wötersee, en Carintia.   La Segunda sinfonía obtuvo desde el principio un éxito considerable, superior al de la Primera y la Segunda sinfonías,  las compara paralelamente con la Quinta y la Pastoral  de Beethoven .   Esta comparación es parcialmente exacta: si bien es verdad que no encontramos en esta Segunda sinfonía ni crispaciones ni conflictos dolorosos, tambien lo es que la obra conlleva numerosos episodios de la sombría potencia nórdica que caracteriza a Brahms y al clasicismo.

 

  1. Allegro non troppo: Las característica del conjunto del primer movimiento son: una vasta exposición, un desarrollo relativamente breve, pero muy denso y un traumatismo nacido de la célula lo mas rudimentaria posible:  tres notas, re, do sostenido, re, expuestas ya en el primer compás. Lo primero que llama la atención es la instrumentación, con el papel impartido a las trompas, que dan el tono tranquilo y majestuoso al movimiento.  El segundo tema, en las violas y los violoncelos, retomado seguidamente por la madera, se aproxima mas a un ritmo de vals.
  2.      La exposición culmina con una escritura rítmica afirmada, seguida de un importante episodio en el que la cuerda  aguda y grave intercambia y parafrasea una melodía, sobre el fondo de una fórmula repetitiva del acompañamiento.   El desarrollo da lugar a una rica mezcla del material temático, primero con una orquestación muy móvil que se condensa seguidamente hasta alcanzar, hacia el final, una poderosa gravedad, reflejo del rostro interior de Brahms.   La reexposición se concluye, según palabras de Hanslick, “sobre chispas de la belleza melódica”.

  3. Adagio non troppo: Si es verdad que los movimientos lentos son por lo regular los más conseguidos de Brahms, éste es un notable ejemplo. Es sin duda la parte mas rica de la sinfonía.  A la profundidad meditativa de la melodía de los violoncelos, aporta la madera una respuesta aligerada, y este esfuerzo de ir hacia la serenidad se confirma en el episodio indicado como L´ ístesso tempo, ma gracioso , con un nuevo tema en el registro agudo.  Pero con el cambio de armadura a si menor y la aparición de un tercer tema, se desarrolla cierta agitación, con las figuras de semicorcheas en la cuerda y las llamadas quejumbrosas de la madera.   Todo el movimiento nos muestra escritura contrapuntística muy elaborada, aunque se puede no compartir la opinión de Hanslick, que admiraba más “el desarrollo de los temas que el valor de éstos en los mismos”. Por el contrario, todo el alcance de este Adagio está en el equilibrio entre la intervención y la técnica.   En la última parte, la melodía inicial vuelve a aparecer en el registro superior de la madera, después en la cuerda.   Un recuerdo del tema de la parte central, en modo mayor, precede a la coda.   Este movimiento, complejo por escritura y por su contenido emocional,  ha sido muy diversamente interpretado por los críticos musicales, que lo han visto a veces mas “despegado” de lo que realmente está.

  4. Allegretto gracioso, quasi andante:  en revancha, aquí no hay equívoco; estamos ante una danza ligera y festiva, sin prisa ni exhuberancia, simple y popular como un ländler, con colaboración pastoril que aportan las maderas, que enuncian el tema acompañadas por los arpegios en pizzicato de los violoncelos.   Pero el movimiento nos reserva sorpresas por su forma: por dos veces, variaciones sobre el tema alternan con el retorno del tema tal cual.   Una de estas variaciones, Presto assai, está fundada en la parte inicial del tema; la otra Presto ma non assai, sobre su parte secundaria.   Todas ellas constituyen repentinos brotes del dinamismo por el que Brahms se aproxima a Beethoven .
  5. Alegro con spirito: El final,  bastante basto, confirma el equilibrio clásico y el espíritu olímpico que instauró el primer movimiento.  El primer tema, flexible y lineal, se expone a sotto voce por la cuerda (su comienzo es la célula re, do sostenido, re del movimiento inicial) y se repite en una repentina y alegre explosión de la orquesta completa. Un corto pasaje transitorio en el que destaca el clarinete, lleva a un segundo tema (violines y violas en el grave, seguidos de la madera), que sufrirá algunas transformaciones. Un episodio en guirnaldas de terceras, en la madera, desembocará en una nueva idea temática enérgicamente ritmada ritmo “lombardo”; es decir, inmediatamente después comienza la parte del desarrollo, partiendo de un repetición del tema inicial. Un  nuevo motivo en tresillos de negras aportará a éste una interesante diferenciación rítmica, pero el contorno de la melodía atestigua, sin embargo, su pertenencia a la célula generadora del tema principal. Este motivo domina todo el final del desarrollo hasta la repetición. La coda, bastante corta, concluye con fanfarrias nacidas del segundo tema. La comparación sugerida es a veces con el final de la Sinfonía “Júpiter”, de Mozart; comparte lo que Hanslick señala, al exaltar en este final “la sangre mozartiana”

     

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