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| Programa general | Teatro Degollado | Música de Cámara | Lagos de Moreno |

Cuarteto de la Ciudad de México

Concierto Lunes 2 de Junio
Sala de Cámara del Teatro Degollado
20:30 Hrs.

Concierto Martes 3 de Junio
Teatro Rosas Moreno - Lagos de Moreno
20:30 Hrs.

Michael Meissner, violín
Osvaldo Urbieta, violín
Julia Dogadaeva, viola
Vladimir Sagaido, violonchelo

Artista invitado: Charles Nath, clarinete

Programa:

Allegro KV anexo 19 (516c) de un Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerdas en si bemol
de  Wolfgag Amadeus Mozart (1756-1791)

Quinteto para clarinete y cuerdas la mayor op. 35 de Egon Kornauth (1891-1959)
Allegro moderato, Andante molto tranquilo, Allegro ma non troppo

Intermedio

Quinteto para clarinete y cuerdas en la mayor op. 146 de Max Reger (1873-1916)
Moderato ed amabile, Vivace, Largo, Poco Allegretto

Cuarteto de la Ciudad de México

Desde su nombramiento en 1995, el Cuarteto de la Ciudad de México es grupo líder de la difusión de la música mexicana a nivel internacional y ha sido honrado en numerosas ocasiones como digno embajador cultural de su ciudad.

Los conciertos en el Palacio de Bellas Artes, el Centro Nacional de las Artes, los Festivales Internacionales Cervantino, de San Miguel de Allende, del Centro Histórico de la Ciudad de México, entre otros; giras de conciertos y grabaciones en televisión y radio, demuestran la importancia del cuarteto, así como las numerosas obras dedicadas al ensamble y estrenadas por él, incluyendo en su repertorio desde El arte de la Fuga de Bach, hasta la vanguardia internacional.

Durante sus veinte giras internacionales desde 1996 en los Estados Unidos y Europa, ha sido elogiado por la prensa internacional. Destacan presentaciones en New York, Boston, Dallas, París, Berlín, Hamburgo, Londres y Bruselas, Suiza e Italia.
Su discografía comprende once discos compactos, cinco de ellos con música mexicana, grabados en México, Alemania y Francia.

Comentarios de prensa

"…Cuarteto de cuerdas líder de México",

Chicago Sun-Times.

"…Chávez era un deleite y el Cuarteto de la Ciudad de México lo tocó con obvia dedicación. Musical y artísticamente, algo de lo mejor que hay a nivel internacional."

Times Union, New York.

"El internacionalmente aclamado Cuarteto de la Ciudad de México es un cuerpo sonoro homogéneo, finamente diferenciado y capaz de enormes culminaciones rítmicas, que trabaja musical y técnicamente preciso y es capaz de producir verdaderos encantos sonoros. Después de un Tango, ovaciones de pie para los músicos".

Schleswig Holsteiner Landeszeitung, Alemania

"…El Cuarteto de la Ciudad de México interpretó cuatro nuevos cuartetos de los USA, cruzando la border line para estimular el intercambio musical entre los norteamericanos. El público sintió que este programa era algo nuevo, muy propio, emocionante y radical en cuanto a su lenguaje musical, y el Cuarteto confirmó que ya es un lustro integrado a la escena musical de México"


La Jornada, México.



"…El Cuarteto de la Ciudad de México resultó ser un ensamble cultivado con cálido sonido, ágil y dinámico. Extraordinariamente interpretaron el cuarteto mexicano Música de Feria de Revueltas, música autóctona, presentada multifacéticamente y con sensualidad, por un cuarteto de categoría."

Lübecker Nachrichten, Alemania.

"El Cuarteto de la Ciudad de México triunfó en Bellas Artes. En el Festival Internacional de San Miguel de Allende 2000, el Cuarteto interpretó todo su programa en su conocida manera magistral, con sonoridad cálida, fraseo elegante y perfecto conjunto de ensamble. ¡Bravo para los cuatro músicos! Esperamos ansiosamente su próxima presentación".

Atención, San Miguel, México.

Notas al Programa

WOLFGANG AMADEUS MOZART, compositor

Nació  el 27 de enero de 1756 en Salzburgo; murió el 5 de diciembre de 1791, en Viena. Hijo de Leopoldo Mozart y de Anna María Pertl Mozart manifestó sus excepcionales cualidades musicales desde los tres años de edad.

Tenía seis años cuando su padre le llevaba de gira con su hermana Nannerl; Linz, Munich y Viena fueron las primeras ciudades donde actuaron. El segundo viaje, mucho más largo, les llevó a Munich, Augsburgo, Maguncia, Francfort, Bruselas, París, Londres, La Haya. En todos los sitios provocó el entusiasmo el niño prodigio. Encontró a todas las personalidades importantes de la época (Goethe, el  Barón de Grima, etc.), pero sobre todo conoció a músicos cuya influencia sería decisiva para él: Schubert, en París; Johann Christian Bach, en Londres. Después de una segunda estancia en Viena en 1768, seguida de algunos meses en Salzburgo, Mozart y su padre tomaron de nuevo la ruta, esta vez hacia Italia, donde el niño entró  en contacto con compositores tan importantes como el Padre Martín o Gianbattista Sammartini. En 1770 se estrenó en Milán su ópera “Mitrídates, rey del Ponto”, que obtuvo un gran éxito. Al año siguiente, después de un nuevo viaje por Italia, los Mozart vuelven a Salzburgo para encontrarse de nuevo bajo la tutela de un nuevo príncipe-arzobispo, Hieronimus Colleredo, menos conciliador que su predecesor, Sigismond von Scharattenbach. En agosto, Wolfgang es nombrado Konzertmeister titular de la corte. Este mismo año compone sus Sinfonías número 15 a 21.

En 1773  compone, entre otras cosas, los Cuartetos de cuerda K 168 y 173 y la  Sinfonía número 25. Al año siguiente la Sinfonía número 29 y el Concierto para fagot, la Serenata en re mayor K 203, las Sonatas para piano K 279 a 283. En 1775 es el año de los cinco Conciertos de violín, pero también lo es de la ópera “El rey pastor” y la Sonata para piano K  284. Al año siguiente compondrá varias serenatas y divertimentos, mientras que en los primeros meses de 1777 escribirá el Concierto para piano número 9, un grito decisivo en la evolución creadora de Mozart y en la historia del concierto para piano. Pero la tensión va creciendo entre el músico y su patrón, el Arzobispo, y en septiembre de 1777 Mozart abandona Salzburgo para realizar un nuevo periplo que le llevará a Munich, Augsburgo, Mannheim y París, en busca de una situación laboral más de su gusto. Fue en París donde escribió la Sinfonía número 31, el Concierto para flauta y arpa y las Sonatas para piano K 310 y 331. De vuelta a Salzburgo, Mozart es nombrado en 1779 organista de la corte. En enero de 1781, se estrena en Munich “Idomeneo, rey de Creta”. Dos meses más tarde el compositor se reúne con Colloredo en Viena y allí tiene lugar la ruptura definitiva y Mozart decide quedarse en la capital austriaca. Allí  se casa, en 1782, con Constance Weber, poco después del estreno en el Burgtheater de su ópera “Un rapto en el serrallo”. Comienza entonces un período fructuoso del que pueden retenerse, entre tantas y tantas obras, la Misa en do menor, la Sinfonía número 36, “Linz”, los Conciertos para piano número 14 a 19, la serie de los seis  Cuartetos dedicados a Haydn.

Para poder vivir, Mozart da lecciones o toca durante las Academias. La primera representación de “Las bodas de Fígaro” tiene lugar  el 1 de mayo de 1786. En octubre  del año siguiente triunfa “Don Juan” en Praga. Pero los problemas materiales se multiplican, pese a su nominación como Compositor de Cámara imperial y real. En 1788 Mozart compone sus tres últimas sinfonías y, a pesar de las dificultades de todo tipo, los tres últimos años ven nacer varias obras maestras; Cosi fan tutte, es estrenenda en enero de 1790, y los Cuartetos de cuerda K 589 y 590, escritos el mismo año y dedicados a Federico Guillermo II. En 1791 a Mozart sólo le quedan unos meses de vida, que serán consagrados a la composición de obras únicas, obras en las que su genio nunca ha parecido tan grande: el Concierto para piano número 27, el Quinteto de cuerda en si bemol K 614, el Ave Verum  K 619, las óperas “La clemencia de Tito”, “La flauta encantada”, el Concierto para clarinete, el Requiem, que quedará inacabado. Y Mozart se extingue, en la miseria, a la edad de treinta y seis años…

 MAX REGER, compositor

Nacido en Brand (Braviera) el 19 de marzo en 1873; muerto en Leipzig el 11 de mayo de 1916. Este músico, cuya vida fue relativamente breve y oscura, comenzó sus estudios con el organista Aldalbert Lindner, quien le instruyó según los severos principios del amor a los “antepasados”; para Reger, Juan Sebastián Bach fue siempre “el comienzo y el fin de toda la música” (su admiración se extenderá también a Brahms, por razones  idénticas y como su modelo más próximo).

Ya organista a la edad de trece años, Reger recibió enseñanza también del célebre musicólogo Hugo Riemann, a quien siguió a Wiesbaden, donde dio clases él mismo. Más tarde se instaló en Munich en 1901, antes de ser nombrado profesor de composición en la Universidad de Leipzig en 1907. Nombrado Kapellmeister de la Corte de Meiningen en 1911 (puesto que había ocupado algunos años antes Richard, del cual era amigo, pero no sin reticencias), antes de retirarse a Iena en 1913 y morir un año después, de una crisis cardiaca, en Leipzig, la ciudad de Bach. Al finalizar el siglo, Max Reger resulta una figura conservadora, de hombre del pasado, incluso “integrista”: su formación, su música, estuvieron dominadas por el espíritu de la polifonía clásica (aunque hubo una época en la que se apasionó por Wagner, incluso por Debussy). La crítica más acerba que se haya hecho a Reger la hizo Heinrich Strobel: “Su música aspira a un aspecto y un equilibrio clásico y es al mismo tiempo desmesurada; tiende hacia el orden aportando tan sólo la confusión”. Es que Reger, por convinción completamente personal, tuvo que luchar contra las corrientes del postromanticismo (y del wagnerismo), de las que él mismo no siempre lograba escapar: armonía sobrecargada, efectos y excesos de retórica.

Sin embargo, no por ello su obra deja de constituir una etapa importante de la música moderna (que tiende también al orden, sin llegar a conseguirlo); asegura la transición entre los últimos románticos y un Hindemith (que fue su alumno). El  catálogo de su obra es abundante y desigual (Reger abordó todos los géneros, excepto el teatro): piezas para órgano (la parte de su obra que es tocada aún con más frecuencia), para piano, corales (entre las que se encuentran el bello Salmo 100), cerca de trescientos lieder, música de cámara. Entre las obras para orquesta se cuentan dos que son maestras, bajo la forma de variaciones (presentadas aquí con prioridad). Porque, en suma, la escritura para un tema con variaciones valió a Reger sus mayores triunfos.

Quinteto de Clarinete de Reger, Op. 146

Moderado y al mismo tiempo amable, es bastante raro como título para el primer movimiento de una obra cíclica, y es aún más remarcable cuando estos términos indican el carácter básico de un trabajo completo, particularmente con Max Reger (1873-1916).
Reger marcó abundantemente sus partituras con signos de admiración, para aclarar al ejecutante lo que había sido compuesto. Las tendencias dinámicas rápidamente cambiantes, son principalmente una expresión del desarrollo melódico de las partes individuales y que juntas toman una función de firmeza armónica y liberación de tensiones. Además encontramos marcas generales de expresión, a menudo “expresivo” o “dulce”, y otras veces “fuerte, pero dulce”.

Estas indicaciones de tiempo y signos de expresión indican la individualidad de su composición; a pesar de la extrema intensidad de la expresión, el carácter de la obra es de serena tranquilidad y tierna melancolía.

Opus 146 es una de las dos últimas obras, que Reger completó aproximadamente al mismo tiempo. La otra es Fantasía y Fuga en Re Menor para Órgano, Opus 135b. Aquí encontramos mayor prominencia la otra marca de expresión típica de Reger, el “agitado”, que difícilmente ocurre en el Quinteto de Clarinete. Esto se interpreta como excitado, tersa expresión que, a primera vista, constituye un sinónimo de Reger mismo. Esto no excluye creaciones más delicadas, como filigrana, que también son encontradas en su obra, coexistiendo con las grandes erupciones armónicas y dinámicas.

La vida de Reger y su música marchan de la mano. Así como este hombre físicamente poderoso podía comer y beber en exceso, y podía divertir a toda una audiencia con su tremendo sentido del humor, también podía trabajar en exceso. Cuando, mientras escribía una partitura, tenía que esperar que secara la tinta antes de seguir con la página siguiente, rápidamente escribía una tarjeta en preparación para su próxima presentación. Sus obras, a menudo escritas en un tiempo increíblemente corto, eran impresas inmediatamente y por lo general estrenadas en breve.

A través de su amistad personal con otros músicos, Reger tuvo facilidad para promover sus trabajos en público, en muchas ocasiones a pesar de considerable resistencia a ellos, especialidad proveniente de los críticos.

Aunque Reger murió a los 43 años, dejó una herencia musical tan extensa, que todavía quedan numerosos tesoros suyos sin descubrir. Con excepción de la ópera, supo llevarse bien con todas las demás formas de la música e incluso tocó algunas de sus obras; si bien no fue un pianista que alcanzara la calidad de virtuoso, fue destacado en sus ejecuciones, por lo que con frecuencia se le buscó para acompañante y como músico de cámara. Cuando uno estudia el libro de actuaciones de Reger correspondientes a sus últimos días, realmente se maravilla de cómo podía componer y tocar con tanta frecuencia, sin tener casi tiempo para practicar.

Como director de la Meininger Hofkapelle, logró continuar los triunfos de Hans von Bülow. También tocó sus grandes, particularmente difíciles, obras para órgano, aunque cedió su promoción pública a sus íntimo amigo Karl Staube. Reger claramente se mantuvo en el centro de la vida musical, y fue de la abundancia de tradición cultivada donde se inspiró para crear sus obras.

Uno pudiera deducir de sus numerosos preludios, tocatas y fugas, que Reger fue un tradicionalista enraizado en el pasado, porque particularmente como Brahms --de quien sentía ser sucesor--, conservó la tradición en la mayor de sus formas. Y aún construyó por completo nuevos edificios, basados en perfiles antiguos. A pesar de las viejas formas y antiguas técnicas, su música respira el espíritu expresivo de la vuelta del siglo. Para sus contemporáneos parecía extremadamente moderno, y su apreciación queda limitada hoy en día, a un pequeño círculo de conocedores, predominando aquella gente que tiene en gran valor el órgano o la música de cámara.

Uno se siente maravillado por el hecho de que tan enorme parte de la obra de Reger consista en música de cámara; que él no prefiriera --como los ligeramente más antiguos compositores Mahler y Strauss-- componer principalmente para grandes orquestas, como sugiere el dinámico alcance de su capacidad én cuanto a composición pianística. Pero, para Reger, la parte individual siempre es el punto de arranque. Motivo de la obra y polifónica penetración al componer, son crear los efectos externos y justificarlos artísticamente. Esta continuación de Beethoven y Brahms determina su obra partiendo de opus 1. Y así crea sus sonatas, tríos, los grandes cuartetos de cuerdas y finalmente el quinteto de clarinete.

En cuanto al quinteto de clarinete se refiere, “no es una combinación de instrumentos homogéneos, ni es una conversación entre cinco brillantes personas que piensan igual; por el contrario, el clarinete es un extranjero en este círculo, que tiene su propio mundo emocional y su peculiar forma de expresarlo”. Este es el comentario de H. Abert al quinteto de Mozart, en su gran monografía de Mozart.
Sin duda Reger siente que en Op. 146 está siguiendo a ambos sus grandes predecesores en este aspecto, Mozart y Brahms. Como ellos, él cierra su composición con una variación. Sin embargo, parece que Reger ha buscado precisamente esta imposible integración del sonido del clarinete en su cuarteto de cuerdas. Aparte de las dificultades técnicas, esto es lo que hace la ejecución de su obra tan difícil, pero también tan fascinante.

El primer movimiento se basa en la tradicional forma de la sonata. Después de la exposición y el desarrollo temático, la recapitulación exactamente sigue el diseño de la exposición; aunque parece como si el inicio de la recapitulación con el segundo tema pudiera ser escuchada antes de la entrada del tema principal. Esta recapitulación, que permite que el segundo tema sea escuchado tres veces, intensifica la impresión lírica del movimiento. Inmediatamente antes de este segundo tema, una figura transicional de dos compases puede escucharse en cada ocasión. Así la audiencia tiene la sensación de encontrarse dentro de un sistema claramente definido. Esto es esencial, porque la construcción polifónica del movimiento necesita extrema concentración al seguir las partes.

El segundo movimiento es escrito como un Scherzo, pero sin traza de alegría. El diálogo entre el clarinete y la viola, que es acompañado por un trasfondo de pizzicato de los otros instrumentos, no libera por sí mismo de la melancolía del primer movimiento. El trío es reminiscente de un länder austriaco, pero sólo eso. La siguiente repetición del Scherzo es cambiada en tal forma, que parezca disminuido el contraste entre Scherzo y trío.

En la primera parte del tercer movimiento, un móvil largo, todo se convierte en melódico y se desenvuelve como una canción. El último de los tres motivos principales, se refiere claramente al segundo tema del primer movimiento. Los contrastes dentro del tercer movimiento enfatizan por completo la interpretación de esta especie de canción.

El tema del movimiento final es --comparado con todas las frases irregulares anteriores-- caracterizado por la regularidad y la simplicidad. Es seguido por ocho variaciones, que no sólo varían el tema, sino que también se interrelacionan. Las primeras dos pueden ser unidas inmediatamente al tema. La tercera variación tiene --a pesar de su compás de 4/8-- el carácter de un scherzo, que se intensificado en las variaciones quinta y séptima. La sexta y la última variación conforman el efecto de movimientos lentos integrados. En la variación final el orden métrico del modelo temático se abandona, en favor de una repetición lenta concluyente del motivo de apertura, a manera de un nostálgico adiós.

EGON KORNAUTH

Egon Kornauth obtuvo como  una preparación múltiple en diferentes instrumentos musicales y estrenó como pianista en Olmütz con sus 15 años. En 1909 se mudó a Viena  empezó sus estudios en la Wiener Musikakademie (Academia de música Viena) con Robert Fuchs y Franz Schreker, además en la Universidad de Viena (Siencias de Música con Guido Adler).
En 1910 absolvió un viaje para conciertos en los EU y recibió el premio de estado en 1913 con su sonata para viola y piano, op. 3.

En 1915 se promovió con su disertación sobre “Die Thematische Arbeit in Joseph Haydns Streichquartetten nach 1780” (el trabajo temático en los cuartos para cuerdas de Joseph Haydn después de 1780),  y las clases particulares de composición con Franz Schmidt. En 1919 recibió el premio de la Fundación “Gustav Mahler Stiftung” y en 1922 el Premio de Música de Cámara del Estado de Salzburgo.

De  1926 a 1927 dirigió la Orquesta Sinfónica de Medan (Indonesia) y recibió después de su regreso a Austria el Premio de Arte  de la Ciudad de Viena en 1929. Entre 1933 y 1936 estuvo en un viaje para conciertos por Sudamérica y Scandinavia y después dio  varios conciertos en Europa. En el concurso de la sociedad vienesa de conciertos, en 1939 obtuvo el primer lugar. En 1940 fue recibido como profesor para teoría de música  en la Academia de Música de Viena.
En el tiempo del Tercer Reich siguió   popular y reconocido también por parte del régimen nacional socialista, pero se distanció de este régimen. Además renovó su relación con su profesor de la Universidad de Viena, Guido Adler, quien estuvo bajo arresto hasta su muerte en 1941.

A partir de 1945 Egon KORNAUTH fue profesor para composición en Mozarteum de Salzburgo  y de 1946 a 1947  subdirector de esta academia.

 


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